jueves, 31 de julio de 2008

Raulito, el niño feliz

Raulito es mi sobrino, hijo de Rosita, hermana de mi Florcita. Es un niño feliz y acostumbrado a las cámaras de sus tíos. Con él "chochiamos" los fines de semana


Mackenzie

Otra integrante que tengo el honor de presentar, se trata de Mackenzie, hija de Roxana Bórquez, quien a su vez es hija de nuestro inefable y querido don Yope junto a Angélica Pozo.


Constanza Isidora

Ha llegado una nueva integrante a esta larga familia y aunque no es Acuña ni Bórquez, si pertenece al grupo de los afines y quien sabe ? talvez mañana se una a las filas de este blog

Lorena del Valle Acuña

Les presento mi sobrinita Lorenita, hija de mi hermana Luz María y don Cholu del Valle,mientras espera la llegada de su hermosa hijita.


Constanza Isidora, recién nacida duerme plácidamente

martes, 29 de julio de 2008

Encuentro con los primos




Don Pedro Segundo Bórquez Alfaro, acompañado por su hijo Jaime regresa a las tierras de su infancia, la localidad de Huilmo (comuna de Montepatria) en busca de sus raíces.
Emocionante es el encuentro con sus primos Germán y Armando después de tantos años.

lunes, 28 de julio de 2008

La bolsa de papel



Acontece que cuando éramos niños vivíamos en calle Cuevas 1839, a cuadras de donde vivían los tatas, cuadras que caminábamos sagradamente cada domingo para el almuerzo en familia con los abuelos, era una especie de minga, todo el mundo cooperaba, los niños jugaban y ponían la mesa, mientras las mamás preparaban las comidas y postres, padres y abuelo conversaban sobre los acontecimientos nacionales…

Mi memoria de niña trae un recuerdo imborrable, asociado a días de invierno, frío y lluvia…

Resulta que en estos días, que se hacían interminables para nosotros, niños pequeños “atrapados” dentro de la casa, ocurría algo que nos alborotaba y alegraba infinitamente…

Acercándose la hora de once, sentíamos golpear la puerta … corríamos a abrir … y allí estaba en su bicicleta nuestro Tata sonriendo, un poco mojado y con las manos en la espalda, escondiendo algo…
Era una bolsa de papel con exquisitas y crujientes sopaipillas que la abueli había cocinado y él nos traía como hermoso regalo, luego se despedía y ni siquiera se quedaba a tomar onces.

Este gesto de los abuelos , lo valoro inmensamente como una sencilla expresión de AMOR y COMPARTIR tan ajeno al actual consumismo.
Y hasta el día de hoy las bolsas de papel tienen un especial encanto para mí…


Historia escrita y contada por Marité Mota

domingo, 27 de julio de 2008

Noticias del día

Nuestro Rorrito Osorio Bórquez sufrió un accidente en la localidad de Lautaro. Felizmente el asunto no pasó a mayores y hoy se encuentra recuperándose de una herida que le costó 10 puntos y un tirón en el brazo.
Para aquellos que quieran enterarse de más detalles aquí va el link:

http://www.fotolog.com/sinergia

Un abrazo para don Rorro


Otra!!!

Un artículo de turismo sobre Tierra del Fuego escrito y fotografiado por don Mejai se publica hoy en en el suplemento Viajes de La Tercera.
Ideal para quienes gozan conociendo el mundo a través de una pluma ágil y entretenida como es la de este mopri trotamundos.

miércoles, 23 de julio de 2008

La disciplina de antaño



Sobre la abuelita Teté, así es conocida en nuestra familia, la recordada señora Teresa Caro, quiero contarles algunos datos talvez desconocidos…

Mujer, nacida en el campo de Linderos, cerca de Buin y Paine. Su padre se llamaba José Dolores y su madre Delfina. Él se ganaba el sustento repartiendo leche en un carretón con unos tarros grandes y la mamá realizaba labores de casa, que no son pocas, hacía quesos, una tarea ardua y minuciosa y tal vez cuidaría su propia huerta.

La abueli, tenía una hermana, Ana, ( la abuela de ustedes chiquillos ) que en nuestra familia siempre fue conocida como Tae ( no tengo claro el origen del disminutivo).

Según su propio relato, la abueli siempre fue un tanto traviesa… o tal vez, un poco lenta en cumplir una orden, el asunto es que la mamá ( Delfina ) no hablaba dos veces … y cuando no era obedecida prontamente, tomaba “ la paleta” ( ver nota )… y con eso “ se las daba”… ¡ imagínense!

Como la abueli sabía “ la gestión”, al menor problema salía corriendo , tiraba la paleta arriba del techo y se encaramaba a un alto peral, de donde solo se bajaba cuando los ánimos se calmaran .
Por lo que ella contaba, la Tae no la acompañaba en estas escapadas y se quedaba “en tierra” “aguantando el chaparrón”.

Nota:
la paleta ( palo largo con que se revolvía la ropa blanca en un fondo, mientras se hervía, única forma de lograr la blancura y pulcritud en esos tiempos)

Aventuras de la abueli hay varias …más adelante enviaremos otras.


Recopilado y escrito por Marité Mota

lunes, 21 de julio de 2008

Los Radioteatros 2


Mis distinguidos contertulios (asi saludaba el personaje de Residencial La Pichanga que era del Club Deportivo Universidad Catolica...), debo decirles que este lindo recuerdo de don Topa, que a su vez inspiró a don Yope, es un tremendo tema para recordar nuestra infancia. Y me inspira para partir contándoles que, hasta el dia de hoy, soy un fanático de la radio pero de esa que "me cuenta cosas". No quiero música, salvo que sea antigua, de mi niñez o de los tiempos de lolo, o sea mi radio, en Chile, practicamente tiene número fijo 102,1 Oasis. Curiosamente aqui en Brasil en ese mismo número descubrí una radio similar, que toca desde Brenda Lee a Beatles y Credence, por lo tanto es tambien mi segunda radio favorita, ya que la primera es la CBN, cuyo slogan es "la radio que toca noticias". Nada de musiquitas ni que ocho cuartos, quiero que me cuenten cosas...

Pero volviendo al tema de la radio que tan re bien agarró este viejo don Topa, debo decirles, distinguidos contertulios, que gran parte de mi niñez la pasé pegado a la radio. Llegaba del liceo Ruiz Tagle a eso del medio dia. Mi tia "Chicuca", como le llamaba a mi tia Julia, me tenía o el huevito a la ostra o el "bistec alemán", o "crudo" preparadito, guardado en el mueble de la cocina. Ahi me lo llevaba a la pieza de ella y en una radio de bakelita a tubos de color café oscuro, (que algun día encontraré en el Persa y la compraré con gusto...) me instalaba a escuchar "Lo que cuenta el viento", sentadito en la cama, con mi platito encima del velador de la tía. Mi viejo tenía una radio del mismo material, pero negra y mayor que la de la tia Chicuca. Ahi escuchaba "Fortachín", patrocinado por Milo. Este era un cabro que tenia varias cualidades para salvar gente de cada peligro. Claro, era fuerte, tomaba Milo!!!. En esa misma radio escuchaba "El vaquero solitario", recuerdo hasta la canción del inicio: "Proteger es su misión y ayudar al defensor, y con Plata su corcel recorrer por las tierras del Far West, asi va el vaquero, con todos sus compañeros... "

Recordarán tambien "Cine en su hogar"? "Copucha el colegial"? Los capitulos de "Perro Mundo de la Tercera Oreja"? O programas de noticias como "La gran encuesta", los domingos por la noche? Esa la escuchaba acomodado en la cama de mis viejos, quien sabe con unos cinco o seis años, por ahí. Y los personajes de Jorge Romero, desde "Firulete" al "Quemadito", recuerden que antes del "Cuesco Cabrera" estaba "Pepe Pato", gran creación de Jorge, que inclusive grabó "El Cacharrito"!!! "Mandé mi cadillac a arreglar el otro día, qué bruto que hace tiempo un reparo me pedía..."

Y los programas de música? "El calducho"? o ese otro con la Maria Pilar Larrain, donde contaban chismes de la farándula en un block que se llamaba Son rumores? "Coctel de estrellas", se llamaba...
Más de alguna vez fui al Cine Auditorium que creo era de la radio Del Pacifico, que quedaba en un pasaje entre Morandé y Bandera, a ver "Residencial La Pichanga" y me hubiese gustado ir a la Portales, a ver "La bandita de Firulete" o a entretenerme con Don Casiano Pelaez y Pelaez, el Amadeo ( personaje inolvidable de Sergio Silva) la señora Sinforosita, la Raca, el tío Livorio, el maestro Chasquilla, volver a escuchar "Soñar no cuesta nada" o "El correo de Mineria"!!!

Y recuerdo, claro, los que tanto don Yope como don Topa nombraron, "Los Ofensores", en la Agricultura, y la parodia "Los Ofendedores", de Jorge Romero, en la Portales. Y el "Portaleando la mañana"? Y la frasecita cantada "Radio Recreo que hora eeessss? Las 11 de la mañana... A toda hora Radio Recreo está con Usted...." Esa me recuerda mi casa papudana, con la mama Juana en pleno ajetreo para alimentar el ejército de cabros que éramos!!! Y tambien las veces que tuve la suerte de estar en el departamento de la tia Rochi y el tio Mario, en Recreo Alto! En la pieza del Maro habia una radio Zenith ma-ra-vi-llo-sa!!! Era como una radio de campaña militar. Algun día la encuentro por ahi en algún cachureo y, claro, la compro, meh que hueá!!!
La radio fue mi compañía. Y espero que la Tila se acuerde que me trajo una de Miami, era una Fiesta, radio pequeña a dos pilas, blanca con forro de plástico negro, que usé por años y que tiempo despues la vi en manos de Pablito Je-jé ( mi sobrino canadiense...) pero no sé si funcionaba. Recuerdo hasta el olor que tenia esa radio!!!

Ahora, debo confesar, esa del Capitán Átomo que contó don Yope, me dejó marcando ocupao...
Un dia llegó la tele y la gente pasó a no imaginar más paisajes, personajes, escenarios, acciones. Ojalá vuelvan los radioteatros, como dice don Yope, son un estimulante poderoso para la imaginación.

Autor: Jaime Bórquez

sábado, 19 de julio de 2008

El Tata Manuel


Hombre de origen campesino, nacido en Linderos, cerca de Buin y Paine. A temprana edad murió su madre y él que aún no tenía edad para trabajar, quedó al cuidado de sus hermanos : Rosa, con sus descendientes en Melipilla actualmente, Ana y otros de los cuales los nombres han ido quedando en la nebulosa del tiempo.
Narraba a veces que les cocinaba, les peinaba , etc... y porque “Dios es grande “ y casi por propia iniciativa deben haber ido a la escuela unos pocos años.

También contaba que siempre andaba por ahí experimentando, usando herramientas, inventando cosas, a partir de la curiosidad propia de la niñez y de la infinita oportunidad que da la naturaleza al que la quiera observar y aprender de ella…

Más adelante, ya joven, conoció a la abueli, la cual lo aceptó como su esposo, se casaron y vivieron en un fundo donde el tata era “el llavero ”, cargo de gran responsabilidad ya que tenía a su cargo la entrega de herramientas a los demás trabajadores, tenían una casita y allí comenzaron su familia.

Unos señores, visitas “del patrón” al ver su responsabilidad y laboriosidad le dijeron que si alguna vez quería ir Santiago le darían trabajo allí… tiempo después el fundo cambio de dueño y Manuel Escobar y Teresa Caro decidieron buscar nuevos horizontes “en la capital” allí el tata trabajó y estudió con gran esfuerzo. Poco después llegó a la viña Valdivieso donde, Don Nicolás Valdivieso, dueño de allí, percibiría su deseo de aprender y luego comenzó a enseñarle el oficio de enólogo para lo cual él aportó sus dotes innatas. Fue un autodidacta realmente.
De su historia en Valdivieso ustedes conocen un poco… trabajó y vivió allí hasta su fallecimiento.
Este hombre de origen humilde, construyó su vida y su familia a fuerza de trabajo y gran empeño ; era un hombre agradecido de Dios .

En su actuar con los demás siempre primó el respeto y la honestidad, no en vano para sus conocidos era DON MANUEL …

Recuerdo a este querido caballero, vestido con terno y corbata, a diario, perfectamente afeitado y peinado. Y para salir … el infaltable sombrero y un pañuelo blanco en el bolsillo de la chaqueta “apenitas” asomado …

Son solo algunos pequeños datos sobre el querido tatita…


Escrito por Marité Mota

viernes, 18 de julio de 2008

Los Radioteatros

La radio RCA Victor con su ojo mágico verdoso parpadeando me parecía un cíclope maligno que nos observaba en la oscuridad cada noche en San Pablo 2626 casa 2.
Había llegado la hora del radioteatro de la noche y junto a mis hermanas ya estábamos sentados alrededor de la fiel estufa a parafina que habitualmente estaba cercada por un secador de mimbre y cubierto con pañales, esos de género, con los cuales nos cubríamos las piernas para aprovechar el calorcito y contrarrestar los escalofríos que siempre circulaban por nuestras espaldas cuando escuchábamos las historias de suspenso de “La tercera oreja” y de El doctor Mortis. Terminábamos con tanto susto que como debíamos salir al patio para ir al baño antes de ir a la cama, nadie se atrevía ir primero a desafiar esa oscuridad maligna y aterradora que nos hacía tiritar, para luego correr a sumergirnos en el frio de las sábanas y allí tapados más arriba de las orejas seguir dándole vueltas a la historia, echando a correr la imaginación a raudales, porque así era en ese entonces nuestra entretención, sin televisión, sin multimedia. Los “efectos especiales” corrían por cuenta de uno no más….hasta que por fin lográbamos quedarnos dormidos…

Sin ninguna duda que escuchar radioteatros era una manera muy efectiva para desarrollar la imaginación porque, cuando nos permitían escuchar los programas de ultratumba, temblábabamos con la voz pastosa del relator, la música de suspenso, el ruido de oxidadas bisagras que chirriaban cuando se abría un ataúd, el aullido de lobos hambrientos, un galope solitario y el silbido del viento en medio de la noche, todo rematado por la carcajada espeluznante del satánico protagonista… por supuesto que nos cagábamos de susto.

La radio nos sumía en la intimidad casera, en un mundo puertas adentro, nos hacía interactuar como familia. “Imagino” a mis abuelos, a mi madre muy joven y sus hermanos, escuchando la radio allá en el pueblo de Carén rodeando un brasero en las noches frías, buscando calor con las manos, mirándose las caras, oliendo el aroma a eucalipto y ocasionalmente el de azúcar quemada, que mi abuela Carmela le iba tirando de vez en cuando a las brasas, para espantar los malos espíritus…

“Llega Radiotanda, si señor, llega la audición del buen humor, todo el que la escucha, si señor, ríe a carcajadas, oh, oh, oh …”…algo más o menos así, era el jingle con que se iniciaban las transmisiones diarias del popular programa que tenía como protagonista a la Desideria, la recordada actriz Anita González, una comediante como ninguna, con la genialidad de salirse, muchas veces, del libreto de manera natural, adecuada e hilarante, con la talla justa, en el momento preciso. Eran chistes frescos, de humor blanco que encantaban a todos.
También estaba “Residencial la Pichanga”, con las divertidas intrigas del ambiente futbolístico y “Hogar dulce hogar”, con la magazinesca vida de la pensión de don Celedonio Menares.

Es oportuno recordar, homenajear y agradecer a tantos actores que nos hicieron reír, llorar, asustarnos y darnos temas de conversación por muchos años: Anita González, Sergio Silva, Eduardo de Calixto, Jorge Romero “Firulete”, Arturo Moya Grau y tantos otros, que con geniales interpretaciones de personajes que dejaron grabados en nuestra memoria: La Desideria, Don Celedonio, El Pollito, El Tereso “zaz", don Gabito Serena, el Indio Malo, la Pelá, La Ronca, el Chaguito Morning y tantos otros que seguramente ustedes recordarán.

Un “cogollo” especial para el genial Juan Marino, creador y voz del Siniestro Doctor Mortis…

lunes, 14 de julio de 2008

Nadie sabe... nadie supo...

Un pequeño guiño para los viajeros del tiempo que vivieron, gozaron y se aterrorizaron con los radioteatros, principalmente con El Monje loco, El Siniestro Doctor Mortis y La Tercera oreja. Recuerdo que después de escuchar esos programas nadie se atrevía ir al baño...


miércoles, 9 de julio de 2008

La franqueza de Pedrito

Esta historia acontece en el barrio de San Pablo y está relacionada con la extensa escala, que tenía esa casa y que fuese mostrada en la entrada del 13 de abril "De San Pablo a Ruiz Tagle".

Cuenta mi mamá, Teresita Escobar, una anécdota seguramente narrada por su queridísima prima Tita … que dice así :

Es bueno comenzar relatando que por esos días estaban en pleno apogeo las “radio novelas” con historias de temas variados, incluso algunas de misterio… que estimulaban la imaginación de grandes y pequeños…

Todo sucede cuando una señora amiga que venía desde Valparaíso a visitar a la Tae, así llamábamos nosotros a Ana Caro, vuestra abuela y hermana de nuestra Teté ... golpeó la puerta y Pedrito le abrió desde arriba con el cordelito que existía para esos efectos, y entonces… por la larguísima escala … comenzó a subir una silueta vestida de negro con sombrero de ala ancha y lento caminar … que Pedrito asombrado miraba a contraluz…

En ese instante … el terror se apoderó de él y comenzó a gritar a todo dar
¡¡ el Monje Loco !! el Monje Loco !! , el nombre de la radionovela de turno, mientras huía despavorido … como perseguido por mil fantasmas…
La pobre tía Tita , debe haber pensado…" ábrete tierra" mientras se asomaba a recibir la visita , pero según cuentan … la amiga la saludaba sonriente… sin dar señas de sentirse aludida .

Pedrito tenía por esos días , 4 o 5 años de edad …

Y ya era , franco y directo.

Relatada por Teresa Escobar Caro y recopilada por Marité Mota Escobar

lunes, 7 de julio de 2008

RuizTagle 157 y Federico Reich 138


Oficialmente teníamos domicilio en la calle Ruiz Tagle, pero creo que nuestro mundo estaba detrás de ese portón que se abría hacia la calle Federico Reich. A nuestra llegada al barrio, en esa calle vivían varios cabros chicos como de mi edad.


Pedrito y Anamaría practicando el swing en el portón de salida a Federico Reich

En un principio mi hermanita no se metía mucho con ellos porque no habían niñas, su yunta era la Lucía, nuestra vecina. En cambio yo me hice amigo de un buen lote de ellos. Estaban: el Hernán y el ''Menyo'' (creo que se llamaba Patricio) Madariaga, casi frente al portón en la casa que pocos años más tarde fue domicilio de la familia Paredes; recuerdo claramente a esos dos hermanos que eran unos pequeños bandidos, no maldadosos sino traviesos. Cuando el ''Menyo'' hizo su Primera Comunión decía de él mismo que era el diablo vendiendo cruces. Al lado sur de ellos vivían el ''Tano'' y la ''Pacha'', dos casas más allá el ''Murruco'' y en la esquina de Coronel Souper, el ''Pollo'', que era un poco menor y nunca fue muy querido en el grupo. Hacia el norte no había niños, pero a veces nos juntábamos con un adulto joven, el ''Dari'', bueno para contar bromas e historias increíbles. En seguida vivía un joven trisómico llamado Sergio.

Al lado Sur de nuestra casa hasta Coronel Souper había un gran garage, que llamábamos la ''carrocería'' cuidada por una modesta familia que tenía su casita pegada a la muralla de Federico Reich, pero para tener acceso a ella había que salir o entrar por un portón. Recuerdo que la señora bastante joven, se ponía a lavar ropa en una arteza y mientras escobillaba y estrujaba sin descanso, cantaba con muy buena voz el ''Chiu-chiu'', ''Río, Río'', ''el Tortillero'' y otras canciones tradicionales.

Por Ruiz Tagle hacia el norte, después de los Céspedes llegó a vivir la familia de don Sergio Rodríguez, quien con su esposa, la señora María, fueron los padrinos de Jaimito, hoy conocido como el Gran Don Mejai. Antes de ellos hubo otra familia, pero a penas me acuerdo de una de las damas que habitaban ahí, era la señorita Orieta, que vivía con su mamá y una hermana parece, pero no estoy seguro.

Después de los Rodríguez había un sitio eriazo donde se instaló una familia muy pobre de apellido Palomino, la Guacolda era la mayor de las hijas, una gorda simpática y bonachona de unos 18 a 20 años de edad, buena pa' la talla y pa' los combos, con una risa ronca y pegajosa que calzaba con su personalidad. Tenían por casa una mediagua que pronto quedó oculta por una muralla de cemento, dejando una puerta estrecha colindante con los Rodríguez. El sitio de los Palomino era en la punta de diamante que formaban Ruiz-Tagle y Federico Reich a partir de la calle Thompson.

Toda la cuadra del frente, desde Thompson hasta Cinco de Abril, estaba ocupada por la fábrica de cordeles, propiedad de los Reich, que no ofrecía ningún aporte estético al sector. Los muros altos de ladrillos desnudos con ventanas a 10 metros del suelo y rejas de alambre, eran la antítesis de la ''Oda a la Alegría''. Me parece haber alcanzado a conocer a don Federico Reich, un viejito de bigote blanco, ejemplar típico del caballero de la clase acomodada del siglo XIX. A lo Mejor ví solo su foto y mi imaginación me hace verlo moviéndose.

Cuando cumplí los 7 años mi mamá hizo una fiesta con torta de biscochuelo y hartos cabros chicos invitados. Entonces tomó la precaución de anotar los nombres de mis mejores amigos y el primero de la lista es Jaime Sánchez. No recuerdo cómo ni cuándo nos hicimos compinches, él vivía en General Velásquez esquina de Ecuador, a varias cuadras de distancia, sus padres nunca fueron muy cercanos a nuestro clan, pero ese año con mi "cumpa" ya éramos yunta.

Tranvía Alameda


De día el barrio era casi rural. La Alameda era con álamos y prados atravesando Santiago de Este a Oeste hasta Las Rejas, con un tranvía parecido al de San Francisco, California. Por la calle pasaban carretelas con caballos cargadas con verduras, frutas y legumbres producidas en las tierras agrícolas cercanas. A dos cuadras de la casa se encontraba la lechería con un gran bebedero para los caballos delante de la puerta, adentro se abría un inmenso patio donde se estacionaban numerosas carretelas y algunos camiones. La lechería ocupaba toda la esquina de Jotabeche con la Alameda colindando con la catedral evangélica que todavía existe. Esos eran los límites del barrio en mi mente infantil.

Por encima de la casa circulaban ruidosamente los aviones hacia y desde el aeropuerto de Los Cerrillos, que no se encontraba muy lejos. Allá me llevaba en su auto cuadrado el tío Enrique (otro hermano del abuelo David muy buena tela) cuando me dio la tos convulsiva. Se suponía que era bueno para que tomara aire puro.

De noche, todo cambiaba convirtiéndose en un suburbio casi siniestro. El alumbrado público era escaso y deficiente, con unos faroles de luz amarillenta producido por ampolletas de tungsteno frecuentemente agotadas o destruidas. Yo notaba que los adultos se encerraban temprano, temerosos de ser asaltados en esas calles oscuras, mientras las parejas de enamorados aprovechaban la oscuridad para dejarse llevar en sus apasionados entreveros. Algunos se atrevían hasta a cometer el "pecado de la carne", como decía el curita en la misa dominical. Como yo que era un mocoso inocente, creía que se trataba simplemente de algo así como comerse un bistoco de vacuno un día Viernes Santo y no hacía la relación entre la prédica y las actividades lascivas de las parejas en la sombría vía pública.

Las parejas se instalaban una al lado de la otra apoyadas en la muralla, era como un estacionamiento de supermercado, pero humano, especialmente en la cuadra que ocupaba la ''carrocería''. Esto escandalizaba a los adultos que a veces hablaban de llamar a Carabineros para combatir el ''mal ejemplo''. Pero lo que más daba temor eran los ''cogoteros'' y ladrones que a veces se introducían en las casas por los muros de los patios, fáciles de escalar.

Nosotros, pergenios, más bien le temíamos al "viejo del saco", que se llevaba a los niños para comérselos. A propósito, en Papudo a este personaje siniestro le llamaban "el cesante" y los cabros chicos le tenían mucho miedo. La primera vez que escuché la palabra no sabía su significado y me daba la impresón de que cesante era algo así como jadeante y me imaginaba un hombre sucio de barba negra que respiraba ruidosamente.

Dentro de la casa hubo cambios repentinos. Un día apareció el tío Januario, hermano de mi abuelo, con serrucho, martillo y metro en ristre y se puso a construir la puerta de separación entre el pasillo y la terraza, pintándola de un color azul verdoso que era como un disonancia moderna en un canto medieval. No había ninguna otra parte de la casa de ese color, ni que combinara con él. Creo que el abuelo David encontró esa pintura regalada o ya la tenía de antes, porque todos sabemos que contaba billetes y moneditas con bastante cariño, y que me perdone desde el ''otro lado'' si cuento esta pequeña verdad.

Después de ese episodio nunca más vi al tío Januario...

Otro personaje que aperece en ese tiempo es el ''Vacuna'', quien tenía como oficio el poner vidrios. Era un viejo de ojos grandes como huevo frito que se le veían más enormes con sus gruesos lentes de presbita. Hablaba con voz cavernosa como si tuviese sueltas las cuerdas vocales, debe haber echado humo como locomotora del Far West. Él le puso los vidrios a la puerta que hizo el tío Januario.
Creo que describir el interior de la casa y los cambios que fueron produciéndose, da para otro artículo que les propongo para una próxima entrega. Me queda mucho tema y no logro despegar de los años 1950-52.

Entonces, si nadie se opone, sigo otro día.

Escrito por don Yope

martes, 1 de julio de 2008

Una tarde en Villa Acero

Era tarde ese día de verano de 1993 cuando por fin dimos con Cicarelli 351 de la Villa Acero. Habíamos estado dando y dando vueltas hasta que logramos encontrar la casa de los tíos Jesús y Teresita. Teníamos muchos deseos de volver a verlos y sobretodo a la “tía Teresa”, hermana de nuestra abuela Ana Caro.

Es verdad que les dimos una verdadera sorpresa, pero fuimos cálidamente acogidos y agasajados con unas ricas onces.

Con mi primo Jaime Bórquez, don Mejai, habíamos estado viajando desde Santiago grabando en video y fotografiando el sur de Chile, un trabajo encargado por el Servicio Nacional de Turismo y no podíamos seguir de largo sin pasar a saludarlos y dejar un registro de nuestra visita.

Aquí van entonces algunas imágenes de ese significativo día.