jueves, 16 de julio de 2009

Anecdotario de don Yope 3

Otro anécdota que a veces me hace sonreír al recordarlo sucedió en nuestro barrio cuando yo tenía como ocho o nueve años. Alguna vez dije que no sabía mentir, pero en esa ocasión creo que no tuve otra alternativa.

Estaba en cuarto o quinto básico y había un compañero de apellido Vallejos, que decía con mucho orgullo ser originario de la ciudad de Yungay, cerca del Salto del Laja y de Los Ángeles. No dejaba pasar ocasión sin hacer mención de lo lindo que era Yungay, de la rica comida de Yungay, en fin, de la buena vida de Yungay.

En aquella época tener una pelota era un privilegio, sobre todo una de fútbol. Tenía otro compañero de curso que era re buen amigo, Fernando Campillo. Un día él me prestó su preciada pelota de fútbol por unos días, préstamo acompañado de todas las recomendaciones del caso, y yo me comprometí a cuidarla como hueso santo.

Con gran placer se la fui a mostrar a los "cabros" del barrio y armamos una feroz pichanga en la calle Federico Reich, delante de la casa de la Chabela. Estaban conmigo: el Tano, el Mariano, el Murruco y otros amigos, a lo mejor el Lalo y el Hugo.

De pronto, el Tano gritó: "¡Los pacos!", y todos se fueron a esconder detrás de las rejas del antejardín de la casa de la Chabela. Yo, concentrado en la pelota, no me me di cuenta a tiempo de la aparición de "la cuca" que se detuvo frente a mí.

"¡Qué está haciendo!", me dijo con enojo un carabinero sin bajarse del furgón. El corazón me zapateó en el pecho y lo único que me preocupó en ese momento fue la posibilidad de que me quitaran la pelota, que no era mía.

"Yo...náa", respondí con un aire inocente y angelical con la pelota en los pies.

"¡Cómo que nada! ¿Que no sabe que está prohibido jugar a la pelota en la vía pública?", argumentó el carabinero.

"No, yo no sabía náa", respondí haciéndome el de las chacras con un acento de campesino que hasta me sorprendió a mí mismo.

"¡Todos saben que no se permite jugar a la pelota en las calles!", siguió el uniformado.

"Es que no soy de aquí", le respondí.

"¿Y de dónde es usted?" me preguntó, siempre en tono severo.

"Yo soy de Yungay", le contesté con un tono más ''rural'' aún.

"Yo conozco Yungay y allá tampoco se puede jugar a la pelota en cualquier parte, usted sabe que el cuidador de la plaza anda con una huasca para que los muchachos no se pongan a molestar a la gente con la pelota"... Cuando el carabinero dijo que conocía mi supuesta ciudad de origen sentí un escalofrío y pensé: "estoy frito". Pero estaba obligado a seguir con mi cuento. Así que para no meter la pata le respondí con un breve "sí", tratando de abreviar la conversación para no darle mucha ocasión de pillarme en mi mentira, porque si lo hacía se enojaría conmigo y terminaría quitándome la pelota.

Entonces me dijo que me entrara y que no jugara más al fútbol en la calle, que si me pillaba de nuevo en lo mismo me iba a llevar a la comisaría. En seguida partió el furgón y me volvió el alma al cuerpo.

En cuanto desapareció el vehículo salieron de su escondite los cabros, muertos de la risa, haciéndome bromas sobre mi supuesto origen campesino.

El verano del 71 recién conocí Yungay, durante la participación de Voces de América en los trabajos voluntarios. Lindo lugar del cual tengo hermosos recuerdos, de sus paisajes y de su gente.

Ya vendrán otros anécdotas, si la barra me lo pide. Tengo el baúl bastante lleno de recuerdos, algunos divertidos, otros emotivos. Ahora espero que alguien más del equipo se ponga con otras historias para seguir enriqueciendo este blog.

Escrito por donYope

lunes, 6 de julio de 2009

Esos papás chochos !!!

El martes de la semana pasada nuestra hija Valentina presentó su Tesis ( CARACTERIZACIÓN DE LA BIOSÍNTESIS DE GIBERELINAS POR EL HONGO FUSARIUM SACCHARI PERTENECIENTE AL COMPLEJO GIBBERELLA FUJIKUROI )

Uff !!!

Su presentación fue todo un éxito ante la comisión y logró nota máxima, así que ya tenemos en casa, en la familia y para todo el país una nueva Ingeniera en industria alimentaria.
Comparto con ustedes una fotografía de ese feliz día en cual podrán observar como sacan pecho los orgullosos padres.


lunes, 15 de junio de 2009

Don Premiao, que le dicen...

Como a don Mejai no ha publicado lo de su galardón, talvez por modestia, me tomo la libertad de mostrarles a toda nuestra comunidad una pequeña muestra de los logros que merecidamente ha conseguido nuestro querido vejete. Aquí lo vemos, muy ufano, sacando pecho con su premio en la mano. Felicitaciones don Mejai !!!

sábado, 13 de junio de 2009

Otras de la tía Chicuca

Encontré estas fotografías para homenajear aún más a la tía Julia que merece nuestro respeto y cariño.

La tía Julia, don Jotita (el regalón según cuentan) y la Teresita, tan linda y graciosa ella. Esta foto data de 1938 y está tomada en la playa Las Salinas según la información que aparece atrás de esa imagen.



Esta foto parece tomada en Sicilia, atrás aparece "el Padrino" don David Acuña Valenzuela. Sentadas en la pisadera aparecen la tía Julia y la Juanita Borgetti ( ya era parte de la familia) . En el interior del auto alcanzo a distinguir asomado por la ventanilla al "Benjamín" de los Acuña Caro... al propio Sergito Acuña !!!

jueves, 4 de junio de 2009

La tía Chicuca

La tía Julia era hermana del abuelo David, del tío Lino, del tío Enrique y no recuerdo se había otros tíos-abuelos en esa rama del árbol genealógico de los Acuña Valenzuela. Seguro que sí, pero no los tengo en el disco duro. Mi mamy Tita me contaba que ella había sido casada con un señor que era chofer de una familia pudiente, y por la foto que tengo en alguna parte del baúl es prueba de que es verdad. Quedó viuda joven, parece, lamentablemente no recuerdo si mi mamy Tita me contó de qué falleció su marido. Ahí se fue a vivir con su hermano David, no sé si ya en la casa de San Pablo o después, en la de Ruiz Tagle. Yo solo tengo recuerdos de esta última.

Me suena curioso este término “pudiente”, sin similar en el idioma portugués con el cual convivo día a día tanto en lo profesional como en mi vida de inmigrante en este país. Creo que no tiene que ver con el ejercicio del poder, ya que en ese caso seria familia poderosa… Debe ser, claro, por algo netamente económico. En fin, elucubraciones que nacen de este recuerdo de mi tia Chicuca. No se quien le puso ese apodo, se me imagina que el tío Sergio, aunque puedo haber sido yo mismo. Siempre fue chiquitita, aunque yo fuese un cabro de pantalones cortos la veía chicuca…

Me tenia un cariño inmenso, que fue reciproco hasta su partida. Imposible olvidar los “cariñitos”que mi tía Chicuca le hacía a mi guatita. Llegó Jaimito del colegio al medio dia? Ahí me esperaba un huevito a la ostra o un bistequito alemán ( no le llamaba crudo…) escondido en el mueble de la cocina. Y partía yo con el platito a su pieza, me instalaba en el velador y escuchábamos juntos Lo que cuenta el viento, en la radio Del Pacífico. Cuando llegaba del colegio en la tarde, me esperaba con una oncecita, pan tostado con mantequilla, o un huevo revuelto, o un pedacito de brazo de reina, mi dulce preferido!

Aaahhh, y pobre del que amenazara con pegarle a Jaimito, o hacerlo rabiar! Salía la tía Chicuca, redondita, bajita y de pasos lentos, de su pieza, al lado del subterráneo y frente a la terraza y decía su frase inolvidable: No les da vergüenza a los grandotes hacerle eso al niño, ah??? A veces empuñando una escoba!!! Esa era mi tía Chicuca, mi Mujer Maravilla, mi protectora, la que me mal criaba y me rebalsaba de cariños.

Su pieza olía a yerbas medicinales y siempre tenia un tilito preparado. Tenía también, siempre en el primer cajón de su cómoda, un paquetito de dulces que se llamaban “besitos”, para Jaimito, claro. Se quejaba del “reuma” y de otros males, pero ahora sé que tenía una salud de fierro. En los fríos y lluviosos inviernos que había en el Santiago de los años 60, la tía Chicuca calentaba la pieza con un brasero, donde no faltaban las cáscaras de naranja o el tarrito con agua y hojas de eucalipto.

Despues de la muerte del abuelo David y la venta de la casa de Ruiz Tagle, la tia Chicuca se fue a vivir a otro lado. Yo recuerdo el tiempo en que vivió con la familia de Blanquita y José Garrido Navero ( si no estoy errado de sus apellidos…) al que don Jorge Arluciaga Maturana y mis tíos Jorge y Sergio llamaban cariñosamente de "Pepe el Bala", vaya a saber por qué… La casa estaba por ahí por la calle Victoria, al sur de Av. Matta. La visitaba siempre que podía y continuaba teniendo “besitos”en la cómoda, así como otros cariñitos pal Jaimito.

Pasó el tiempo y la tia Chicuca decidió irse a un hogar de ancianos, por allá por Recoleta o Independencia (siempre confundo esas calles). Cada vez que viajaba a Chile trataba de visitarla. En ese hogar, en su piececita siempre ordenada y limpia, nuevamente sentí ese olor a yerbas medicinales y a braserito. Un día la tía Chicuca decidió partir y dejarme sin “besitos”, huevo a la ostra, bistequito alemán y brazo de reina. Yo ya estaba grandecito y posiblemente percibió que podía defenderme solo. Fue entonces que dejó su escoba atrás de la puerta y partió, viejita, redondita con sus pasos lentos a descansar de su “reuma” y de sus trajines.

Escrito por don Mejai

jueves, 21 de mayo de 2009

Anecdotario de don Yope 2

Otro recuerdo entretenido es uno de los tantos que tengo de nuestras salidas de cacería en Papudo. Estábamos bastante chicos todavía cuando el "taita" Miguel no nos quiso llevar a cazar, se fue con su compadre Geraldo y el tío "Pucho" dejándonos frustrados en la casa, entonces un par de días después el tío "Milo" nos invitó , tal vez para consolarnos, a ir a cazar al "Tigre", que queda, para quienes no conocen, a unos diez kilómetros hacia los cerros detrás de Papudo. Salimos de la casa de madrugada, como a las cinco de la mañana con el cielo aun lleno de estrellas. El Miguel, el Tito, el Manuel y yo íbamos muy contentos, igual que como se ponían los perros que había en la casa cuando los sacábamos al cerro. Cada uno de nosotros llevaba su honda bien arregladita, la horquilla limpiecita, casi barnizada, los elásticos bien revisados para que no se nos fueran a cortar y el cuero firme y flexible para contener bien la piedra que serviría de proyectil. En el camino preparamos una fogata para hacer hervir los choqueros (latas de conserva con un alambre para tomarlos como un pequeño balde) y tomamos desayuno con té y pan amasado. Llevábamos mantequilla y unos huevitos que se cocieron en los mismos tarritos en que tomamos el té.

Llegamos a la quebrada del Tigre con el sol ya sobre el horizonte. Entonces nos dijo el tío Milo que escuchaba unas codornices y nos pidió que nos fuéramos sin mucho ruido hacia otro lugar mientras él bajaba a la quebrada donde estaban las codornices. Nos fuimos por un senderito con nuestras hondas cargadas atentos a cualquier posible presa de caza, pisando con sigilo como felinos al acecho. De pronto escuchamos el tiro del tío Milo y partimos corriendo a verlo. Lo encontramos riéndose sentado en una piedra con la escopeta y una codorniz en el suelo. Cuando nos vio nos dijo: "tenemos que irnos, cabros, se me quedaron los tiros en la casa". Regresamos a la casa pateando cuanto objeto veíamos en suelo, haciendo harto ruido y dándonos empujones o haciéndonos zancadillas, de puro picados.

viernes, 15 de mayo de 2009