lunes, 24 de noviembre de 2008

Objetos del pasado 1

Quiero compartir con ustedes estas imágenes que me han llegado a través de La Máquina del Tiempo. Seguramente los mayores se recordarán de este artilugio y nos podrán contar algunas historias referentes a él, sobretodo don Peyo que lo debe haber usado.


lunes, 10 de noviembre de 2008

Ana Belén ahora es amiga de Jorge y Flor


Ayer, por circunstancias de la vida tuvimos la oportunidad y el privilegio de conocer a Ana Belén y Víctor Manuel durante la visita que hicieron al "Parque por la Paz" ex Villa Grimaldi. Para los que no lo saben, ese lugar fué un centro de detención y tortura durante la dictadura. En ese sitio fue visto por última vez mi cuñado y ex alumno del Buen Pastor Juan Hernández Zazpe, detenido desaparecido. Ana Belén, cuyo nombre real es María del Pilar Cuesta Acosta, aparte de ser una gran artista, es una mujer "de aquellas", inteligente, simpática, sensible y acogedora. Desde ya me declaro su leal súbdito y me rindo a sus pies. Este registro fotográfico indudablemente pasará a incrementar mi vasta"egoteca".

La que me acompaña en la fotografía es por supuesto mi "santa esposa" .

lunes, 3 de noviembre de 2008

Tócate Letil bi !!!


And when the broken hearted people
Living in the world agree,
There will be an answer, Let it be.

(Lennon & Mc Cartney)



A pocos días del 11 de septiembre de 1973 ...

El traqueteo incesante del tren ya había pasado a ser parte de nosotros mismos y solo teníamos oídos para el cotorreo que recorría de punta a punta el vagón. Los grupos de gente joven y amigos se sucedían en aquellas corridas de asientos forrados en tevinil verde enfrentadas unas a otras, las cuales permitían de forma natural hacerse de amigos, mirar los ojos de las “lolas”, a veces “pinchar” para luego salir a la pisadera o mejor aún sentarse al lado de una de ellas para compartir un “charlón”…


¡Tócate “Letil bi”! ¡Tócate “Letil bi”! ¡Tócate “Letil bi”!

Se escuchaba una voz femenina que chillaba insistentemente, mientras le acercaban a Jaime la cogote‘e yegua pa’ que demostrara sus habilidades de eximio guitarrista y cantor. Así de voz en cuello, en medio del bullicio ambiente rodábamos hasta Parral "champurreando" en inglés aquel famoso tema de Los Beatles.

No recuerdo en que momento de mi existencia, Jaime se acercó a mí y me dijo: Jorge, me acompañai a Parral ? y yo le debo haber contestado en forma positiva, sin inquirir muchos detalles ávido de viajes y aventuras. Hacía poco que había ocurrido el nefasto golpe militar, que tenía a todo el mundo conmocionado, pero sin saber todavía el alcance de los horrores que se estaban fraguando para muchos chilenos inocentes e idealistas.

A nuestra llegada a Parral, pueblo insigne donde naciera nuestro vate Pablo Neruda, nos encaminamos con la dirección en la mano a la casa que habitara hasta hace muy poco Pedro Bórquez Acuña, primo querido y hermano de Jaime, “adláter” y compañero de andanzas por aquellos años. Hacía más de un mes que habían puesto una bomba en la casa de Pedro, alias don Peyo de ahora en adelante, y supuestamente nuestra misión era ver en que condiciones estaba el lugar, rescatar algunas cosas de valor que pudiésemos transportar y otras intentar guardar en casa de Sonia Escobar y su marido Guillermo, unos parientes que a la sazón vivían en Parral.

Pero volvamos a nuestra llegada a la casa de Peyo. La puerta estaba arrancada de cuajo desde sus bisagras y apenas afirmada en el dintel, por lo que después de un breve esfuerzo logramos entrar para encontrarnos con el desastre que había dejado la bomba en su interior. Papeles por el suelo, muebles desvencijados, cuadros y vidrios rotos…en fin, el espectáculo que significa un atentado de esta naturaleza, un desorden general producido también por alguien que aparentemente registró la casa en busca de “pruebas incriminatorias”.

Debo decir que hasta ese momento no teníamos conciencia de todo lo que sucedía a nuestro alrededor producto del golpe militar, no de la forma en que estamos enterados el día de hoy, por lo que procedimos a instalarnos en la casa, asegurarnos un lugar donde echar los huesos, salir a proveernos de algunos comestibles y muy especialmente de algún líquido elemento, necesario para levantar nuestros espíritus.

Nuestros fondos eran muy escasos y hoy me pregunto quien nos habrá financiado el viaje y la estadía. Seguramente habrá sido don Yope. En un almacén de barrio, cercano a la casa nos abastecimos de pan, huevos de "pata", limones y un vino tipo pipeño de cuarta categoría que tenía un penetrante sabor a barniz. Huelga decir que este pequeño inconveniente no fue obstáculo para que igual le hiciéramos rechupete a pesar de las funestas consecuencias posteriores. Al llegar la noche se nos ocurrió instalar en el patio un telescopio que encontramos por ahí, para mirar el cielo Parralino. Observando el universo elucubramos sobre nuestra existencia, la vida mas allá de la Tierra, sobre el futuro que nos espera y todas aquellas historias que afloran al sentirnos embriagados por la inmensidad del cosmos y por el “barniz” que circulaba por nuestras venas. Tarde, y acosados por el frío subimos al segundo piso de la casa para instalarnos en nuestro camastro. Así una vez repuestos y al abrigo de unas frazadas continuamos la cháchara hasta que el vecino, seguramente indignado con el cuchicheo y las risas, comenzó a golpear la pared conminándonos a que lo dejásemos dormir de una buena vez.

Un nuevo día amanece sobre Parral y con el sol en el cenit nos desperezamos de la modorra en que nos tiene sumidos la trasnochada anterior y los vestigios de “ barniz “ que aún recorren nuestro sistema porqueriológico. Como podemos restauramos el sufrido cuerpo a punta de pan y café y hacemos planes para salir en una misión que nos hemos encomendado y que se debiera llamar suicida a la luz de lo que hoy sabemos a través de un sinnúmero de testimonios sobre la represión que se desató a lo largo de todo el país.

Fuimos arriesgados e inconscientes, casi cándidos en nuestra inocencia al presentarnos a las autoridades militares de la zona, para hacerles saber que estábamos en la ciudad y que don Pedro Bórquez Acuña se encontraba en Santiago. “Ningún problema, agradecido por vuestra información, pueden retirarse” nos espetó el milico de turno. Acto seguido nos retiramos tranquilos, satisfechos con el deber cumplido. Al salir nos encontramos con unas parralinas que habíamos conocido el día anterior y las invitamos a la casa para conversar y de paso entonar algunas canciones al son de los acordes del piano de don Yope. Lilian Hidalgo y María Elena Carsalade eran los nombres de aquellas muchachas que nos embrujaron con sus dones.

Debo aclarar que a esa fecha éramos unos veinteañeros, por lo que se entenderá que las “virtudes” de las susodichas no pudieron en ningún caso pasar inadvertidas ante nuestros ojos. María Elena tenía unas columnas memorables que se lucían esplendorosamente bajo una minúscula falda, Lilian era una flaca de aquellas con carácter fuerte, media femme fatal, que en un arranque de antropofagia se lanzó sobre don Mejai mordiéndole el cuello apasionadamente conmocionada antes sus innegables virtudes musicales y la pericia de sus diligentes dedos mientras tocaba inspiradamente Let it be. Luego de este episodio pasional las chiquillas se las emplumaron aduciendo que algo tenían que hacer y que luego nos veríamos, talvez en la Plaza de Armas…

Por supuesto que al caer la tarde salimos entusiasmados esperando encontrarnos nuevamente con la chica de la mini y la flaca de los dientes agudos con la secreta esperanza de ser atacados nuevamente . Esta condición natural propia de nuestra edad que nos caracterizaba por esos días nos permitió salvar el cuello ante la celada que se nos había preparado… Mientras dábamos vueltas por la plaza esperando inútilmente divisar las siluetas de nuestros afanes, en los alrededores de la calle donde vivía don Yope había un inusitado movimiento de tropas. Militares con sus armas y vehículos policiales rodeaban el sector mientras apuntaban a la casa que hacía poco habíamos dejado en busca de nuestros ángeles salvadores. Al parecer algún vecino “bien intencionado” habría avisado a las autoridades que había gente en la casa de don Pedro Bórquez, que talvez ese comunacho marxista-leninista estaba de vuelta, y de allí toda la conmoción. Ahora que lo pienso quizás fue aquel vecino que no dejamos dormir tranquilo“The Night Before”. A todo esto hay que agregar que nosotros, en un arranque de patriotismo se nos había ocurrido izar la bandera chilena ya que por esos días estaba cercana la fecha del aniversario patrio. Ante tal despliegue de contingente militar, no nos quedó otra que quedarnos en el molde y hacernos los lesos pasando de largo y luego de muchas vueltas por el pueblo, con el corazón apretado, volvimos a la casa, bien entrada la noche, antes del toque de queda. Entramos calladitos, tratando de no meter bulla y nos fuimos a dormir con la luz apagada esperando que amaneciera lo más pronto posible para echarnos a volar y escapar de esa mala onda que se estaba cerniendo sobre nuestras cabezas.

Temprano salimos de la casa arrastrando los bártulos y una tele que según Jaime debíamos dejar guardada donde la Sonia, hija de la tía Teresa Caro. Al llegar y luego de un breve conciliábulo aceptaron que dejásemos guardado allí la tele y otras cosas más. Para Sonia y Guillermo debe haber sido complicado recibirnos por esos días ya que en ese momento se podía pensar que estaban de alguna manera colaborando con alguien que era buscado por la justicia militar, “justicia” que hoy sabemos estaba reprimiendo a todo lo largo y ancho del país a cientos de chilenos inocentes.

Estación de ferrocarriles de Parral

Cumplida esta tarea nos dirigimos ipso facto a la estación de ferrocarriles para abandonar Parral en el primer “pat’e fierro “ que pasase por allí ya que estábamos bastante asustados con lo que había acontecido el día anterior. Aquí comienza mi nebulosa personal ya que no recuerdo muchos detalles de nuestro viaje de regreso y tampoco de nuestra llegada a Santiago. Hay, eso sí, una imagen que se me quedó grabada en la mente hasta el día de hoy . A poco de salir de Parral, talvez a la altura de Linares, el tren que iba rumbeando con su martilleo constante y desplazándose raudamente por los campos de la zona central, de improviso empezó a disminuir su marcha sin causa aparente. Al asomarnos por la ventanilla nos percatamos que por uno de esos callejones que se dan de tanto en tanto en el campo, flanqueados por zarzamoras, venía corriendo una familia completa, “aleteando” para que parase el tren, mientras arrastraban bolsos, maletas y canastos con gallinas. Finalmente el tren se detuvo y nuestros inesperados pasajeros lograron subirse todos empolvados, acezando y sudando la gota gorda.

Cabe aquí una pequeña reflexión.

Aún tengo presente en mi mente a ese grupo de personas que corrían esperando subirse a nuestro tren para acompañarnos en nuestro recorrido, para ser parte de nuestro camino, de nuestro andar. Talvez la detención de aquel tren para recoger aquellos pasajeros auguraba que aún habían esperanzas de subirse al carro de la vida y de soñar en lo que nos depararía el futuro.


And when the night is cloudy,
There is still a light that shines on me,
Shine until tomorrow, let it be.

(Lennon & Mc Cartney)

domingo, 26 de octubre de 2008

El Relo

Paseo con el abuelito David, en las cercanias del camino Quilin.

Soy re malo para recordar fechas y los números no van mucho conmigo. Pero esto que voy a contar sucedió algún tiempo antes de que el abuelito David nos dejara. Me vino a la memoria durante un chateo con don Topa, haciendo recuerdos de nuestro querido abuelo y las historias de El Nacional. Tanto don Topa como yo pasamos tiempos en ese negocio que tenia don David con los tíos Sergio y Jorge. Éramos los “gomas”, una especie de júnior para todo servicio, desde ir al banco a lavar loza, desde pinche de cocina a vendedores, de verdad hacíamos de todo. En este bazar se vendía y compraba prácticamente de todo, desde agujas para victrolas (sí, de esas de dar cuerda, que tocaban discos de 78 rpm…) hasta mantas de castilla, sombreros, ternos, violines, maquinas de coser, lanzaderas, guitarras, relojes, bandoneones, lapiceras y quien sabe cuantas cosas más..

Un día alguien vino a ofrecerle justamente una lapicera Parker al abuelo. Debe haber estado a buen precio, ya que acabó comprándola. No pasó mucho tiempo de esa compra cuando aparecieron los “tiras” en el negocio, diciendo que esa lapicera era robada, por lo tanto el abuelo seria acusado de receptador. Esto hizo que don David, que era extremadamente temeroso de la ley, quedase en estado de shock total.

El abuelito comenzó a transmitir en todas las bandas, decía que se lo llevarían preso y cada vez que alguien golpeaba la puerta o a veces sin razón alguna, decía "me vienen a buscar, me van a llevar preso"... Para mí era un tormento verlo así, que en mi mentalidad de cabro chico solo atinaba a decirle "no abuelito, no le va a pasar nada"… Otra cosa que recordé ahora nítidamente es verlo en el living paseándose de un lado a otro, en un moto-continuo, balbuceando algo sobre de prisión, cárcel, tribunales y cosas por el estilo. A esa altura el abuelo ya no estaba más viviendo la realidad, uno le podía decir cualquier cosa, llamarlo a comer o pedirle el sombrero, él no estaba ni allí, literalmente.


Una mañana temprano el abuelito me despertó, se sentó al borde de mi cama, en la pieza que compartíamos con el Peyo, al lado del baño, y me dijo: Jaimito, yo me voy a ir, así que quería darle este reloj de regalo. Recuerdo que le dije, inocentemente, pa donde se va a ir abuelito, yo voy con usted... Ahí me agarró el brazo, se sacó el reloj de su pulso y me puso un Technos plateado, con pulsera de esas que se estiran, en mi muñeca. Le dije, no, abuelito, es suyo, y recuerdo que él me dijo algo así como, allá no lo voy a poder usar... Pienso que seguía con ese asunto de ser preso, no creo que haya estado pensando en la muerte.No se cuantos días pasaron, uno, dos, cinco. Uno de esos días el tío Sergio comenzó a repetir la frasecita de que "alguien le robó el reloj a mi padre"...

Yo le habia contado de esto a mi viejo y a mi mamy, que ya estaban bien asustados con el comportamiento del abuelito. Ahí recuerdo que el tío Sergio, que ya me había visto con el reloj del abuelito, comenzó a presionar a mi viejo con que yo debería devolver el reloj. A todo esto quiero dejar bien claro que don David ya no estaba muy firme en sus cinco sentidos y que, reloj más reloj menos, no seria esa la diferencia entre estar mejor o peor de su salud mental. El tío Sergio se puso pesado con el asunto, tanto así que un día mi viejo no aguantó más el verso repetido y le paró los carros. Le dijo con voz fuerte y golpeada : " don David le regaló el reloj al niño. Si quieres que él te devuelva el bendito reloj no hay problema alguno, ,así que vamos a parar con este asunto al tiro". Mi viejo tenia harta paciencia, se comía el buey por horas, pero cuando se le paraba la pluma, habia que salir corriendo…. Recuerdo la cara de don Sergio blanca como papel, los ojos bien abiertos y sin atinar una respuesta. Dígase de pasadita que mi viejo nunca “fumó” mucho al tío Sergio...

Recuerdo claro como el agua, que esa noche mi viejo vino a mi pieza. Se sentó en una silla, puso los codos en las rodillas y las manos sujetaban su cara, en la cual sus ojos idos mostraban una pena inmensa. Comenzó a mover las piernas y yo pensé que él estaba temblando y a punto de explotar. No aguanté y me puse a llorar. Le dije "papito, no se ponga asi, no quiero verlo con pena "... Ahi él percibió que yo estaba con los nervios pa las calendas con toda esa tremenda historia y me tranquilizó haciéndome cariño. Le dije que le entregara al tiro el reloj a don Gioser, que para mi era un regalo del abuelito pero como estaba medio trastornado seguramente no era para regalármelo.

La cuestión es que le pasé el reloj a mi padre y no se si fue en ese día o en otro, mi viejo le entregó el reloj al tío Sergio, sin antes decirle unas cuantas verdades. El tío sintió que venia un tsunami de proporciones continentales, le cayó la ficha de que se le había pasado la mano en sus comentarios sobre la novela del reloj y yo, asi que le dijo a mi padre: "cabrito ( asi se trataban...) no, no, no, déjalo con Jaimito no mah"....


Y ese reloj me acompañó por gran parte de mi juventud, incluso viajó conmigo por el mundo. Lo tuve hasta inicio de los 90, cuando teníamos la operadora de turismo Access, en un pasaje de la calle San Antonio con Huérfanos. El Technos tenia dos novedades tecnológicas de esos viejos tiempos, se daba cuerda solo y su eje volante estaba montado en una pieza llamada Incablock, patentada por la marca Technos. Ese sistema impedía que el eje volante se quebrase o parase de funcionar por golpes o caídas del reloj. Recordemos que antes los relojes tenían cuerda, manecillas, engranajes mil, diminutos rubíes en su interior, no eran todos a prueba de agua ni mucho menos usaban pilas o eran multi-funcionales, como hoy, que tienen barómetro, brújula, termómetro, altimetro y otras gracias…

Una tarde de domingo, cuando los rayos amarillentos del sol entraban tangencialmente por la ventana del departamento que tenia en Montecarmelo, después de tomar una ducha, me lo fui a poner y se me resbaló de las manos mojadas. Paró de funcionar. El viejo y fiel Technos automatico con Incablock había parado sus funciones vitales….

Lo mandé a arreglar al relojero del pasaje que estaba nuestra oficina. Por el uso, estaba muy frágil el eje volante y el Incablock no aguantó el pencazo, eso me dijo mi viejo, que entendía del asunto.

El tipo de la relojería no me daba buenas noticias: No he encontrado la pieza, me decía cada vez que pasaba a preguntar por mi joyita sentimental. Un día, nada bello en mi recuerdo, la relojería amaneció cerrada y sin nada ni nadie adentro. Nunca más supe del “rélo”, ni nunca más vi luces del relojero.

Una pena haberlo perdido ya que ese Technos fue por muchos años el recuerdo vivo, pulsante, exacto y certero del amor que siempre tuve por el abuelito David.

viernes, 17 de octubre de 2008

Voces de América y su compromiso social

A medida que voy contando este cuento "me vienen a la cabeza como palomas, los sueños" (verso de Violeta).

Cuando uno se sube a un proscenio se da cuenta rapidito de que se encuentra en una tribuna privilegiada, pero a la vez peligrosa. Lo que uno dice o hace es escuchado y visto atentamente por la multitud. Don Rorro puede dar testimonio de ello. Por eso se debe tratar por todos los medios de no meter la pata. Que uno desafine o tropiece en la letra de una canción, no tiene mucha importancia, pero una opinión lanzada al aire o una gesticulación manifiesta, será tomada con pinzas y amplificada, provocando comentarios y muchas veces, la polémica. Así, midiendo las consecuencias, me propuse aprovechar el proscenio y lanzar a los cuatro vientos mis opiniones a través de mis canciones. El impacto fue inmediato, especialmente debido al clima social y político que vivía Chile en esos años.


Los actos culturales con sabor político estaban de moda. Los organizadores de eventos musicales andaban buscando intérpretes de calidad y Voces de América, lo digo sin vanidad, tenía los méritos necesarios para presentarse donde fuese importante hacerlo.

Mis composiciones tenían una clara posición de compromiso con la justicia social, sin embargo nunca acepté abanderarme con ningún partido político, para no perder la sagrada libertad de expresión que siempre he defendido con mucho celo.


Voces de América con Raúl Matas en Televisión Nacional

Nuestro prestigio como conjunto nos valió ser invitados por Televisión Nacional al programa de Raúl Matas, ese que se anunciaba como "el último cigarrillo y el último café". También estuvimos en radio Cooperativa Vitalicia, en un programa en vivo desde el Cine-teatro Auditorium; el mismo donde se hacía "Radiotanda" y donde mi papá me había llevado varias veces a ver la película Fantasía. Además estuvimos varias veces en la Peña Chile Ríe y Canta, propiedad de René Largo Farías, más tarde asesinado misteriosamente en México (¿Otra víctima de la "Operación Cóndor"?). Así mismo actuamos en el canal 9 de la Universidad de Chile, en la emisión Chile Ríe y Canta. Todo esto nos hizo populares como conjunto y como personas, lo que significó estar en la mira de los peridistas y del público. Con ello nuestra vida privada se vió afectada y confieso que no me gustó nada ese aspecto de la popularidad. Varias veces fui abordado en las calles de Santiago y de provincia por algún transeúnte curioso o admirativo, que me contaba que nos había visto en la tele y que le había gustado nuestra actuación. En ese tiempo era excepcional actuar en la televisión y la farándula no tenía las dimensiones ni la banalidad de hoy. El que aparecía en la pantalla se hacía notar de inmediato y desde ese momento debía andar por la vida con pies de plomo.

Capítulo aparte merece nuestra participación en el "Primer Festival de la Canción del Río Claro", realizado en Talca. Esto lo contaré en otra crónica pues tiene muchos detalles que no quiero dejar en el olvido y ponerlos en éste me parece alargarles indebidamente la lectura. Pero promesa es deuda, así que ya vendrá lo prometido.

Escrito por don Yope

martes, 7 de octubre de 2008

De zambas, tonadas y milongas.


"Con permiso voy a dentrar aunque no soy convidao, pero en mi pago un asao no es de naiden y es de todos; voy a cantar a mi modo después que haiga churrasqueao".

Así comienza "El Payador Perseguido" (estilo de milonga) de Atahualpa Yupanqui. Empiezo así porque lo que quiero expresar aquí es lo que sentí siendo chico, especialmente cuando salía a la cola de mi taita, el compadre Lucho Vicencio y don Miguel Encina a recorrer cerros comiendo en paila común, sopeando el pan en la misma ensalada de tomates, recibiendo el pedazo de asado del mismo cuchillo que los viejos o compartiendo el té de cualquiera de los choqueros, el que estuviera listo.


Y don Atahualpa sigue:

"Tal vez si algunos dirán que peco de atrevimiento si largo mi pensamiento pal rumbo que ya elegí, pero siempre he sido así, galopeador contra el viento". Porfiado, dirán algunos, pero "esto lo llevo en la sangre donde mi tatarabuelo; gente de pata en el suelo fueron mis antepasados, criollos de varias provincias y (tal vez) con indios mixturaos".

En las letras de ciertas canciones me he encontrado con frases que llegan hasta el fondo de mis sentimientos y que cuando las canto tengo que resistir para que no se me quiebre la voz con la emoción. Por ejemplo: "Mama Vieja", zamba interpretada por Los Chalchaleros, cuando dice: "...Se quedo sola en la puerta del rancho diciendo adiós con la mano". Entonces veo de nuevo a mi viejita cuando nos subimos a la micro el día de nuestra partida al exilio, y ella se quedó sola en esa calle polvorienta de la Nuevo Amanecer haciendo aquel gesto descrito en la canción...
Yo sé que contando esto le doy un toque de dramatismo al blog, pero con ello me permito expresar sentimientos profundos que llevo adentro y que me identifican como persona, como hijo y expatriado.

En otras canciones encuentro escenas y momentos alegres, como en "Parabienes al Revés" de Violeta Parra. En un par de ocasiones tuve la suerte de asistir a una fiesta típicamente campesina, un matrimonio para mí inolvidable. Los invitados de punta en blanco, las damas "emperifolladas", hasta los cabros chicos peinaditos y con zapatos lustrados. Unos llegaron en un auto, eran como siete personas apretadas como sardinas, otros a pie, uno a caballo y un lote en una carretela, aunque no venía "enflorá", estaba limpiecita, creo que recién pintada. Salió toda la gente de la capilla... Y "al doblar una quebrá se perdió la comitiva" rumbo a la casa de la fiestaza. La celebración duró tres días seguidos con sus noches bien animadas; y no duró más porque nadie fue capaz de seguir comiendo, tomando y durmiendo donde cayera.
Cuando trabajé como profesor en Perquilauquén y cuando participé en los trabajos voluntarios en 1971 y 72 en los alrededores de Yungay, cerca del Laja, vi a varios Luchín, ese que describe Víctor Jara; jugando con una pelota de trapo "...Con el potito embarrado"..."Y el caballo lo miraba"... Yo también lo miraba con compasión e impotencia, pero sobre todo, con cariño.

Con "Paisajes de Catamarca" me imagino a mi viejo con su guitarra en el Papudo de antaño, cantando a la luz de la luna, de una vela o de una lámpara a carburo, rodeado de toditos los Encina escuchándolo en silencio o tratando de seguirlo cuando conocían la canción. En aquel Papudo mis ojos se deleitaban con los "mil tonos de verde", allá existía el "camino largo que baja y se pierde", y "el ranchito sombreao de higuera"; y se oía el " chalchalero (un zorzal, una diuquita o una tenca) que ensaya su canto".

"A la ronda, ronda, que nació mi niña" canta Charo Jofré. Es como si la hubiese interpretado por mis hijas. Al escucharla hoy, después de bastantes años, veo desfilar una serie de imágenes y escenas vividas del desarrollo de cada una y siento que los años pasaron, pero me dejaron el sabor impagable de momentos inmensamente felices. Con mis hijos hombres también tuve la suerte de tener experiencias ricas desde el punto de vista afectivo. Y cuando Piero canta "Mi querido viejo" me veo en un doble rol, el de padre y de hijo. Yo también voy poco a poco caminando más lento "Como perdonando el tiempo" mientras se aparece en mi imaginación mi taita a mi lado yendo a la botillería del Juanito, cuando volví a Chile después de 17 años de lejanía.




La Infancia

Es posible de que esté hablando de temas musicales no conocidos de todos, sin embargo insisto en ello porque para mí la poesía y la música tienen un significado muy especial. Existe una obra que cuando la escucho o interpreto ciertas partes, el pecho se me llena de emociones evocadoras, algunas alegres otras tristes, me refiero a "Canto Para Una Semilla", cantata popular con música de Luis Advis y letra extraída de "Décimas", especie de poema autobiográfico de Violeta Parra. En la segunda canción, "La Infancia", enumera cada cosa que va descubriendo en su niñez. Como yo cuando iba creciendo y descubriendo el mundo. En la tercera, "El Amor", revivo la desolación de mis desengaños amorosos. En la penúltima, "La Muerte", revivo los sentimientos de la víspera de mi partida al exilio.
Pero felizmente a veces aún "vuelvo a los diecisiete, después de vivir un siglo" y de lo más profundo de mi alma doy "gracias a la vida que me ha dado tanto".

Paro aquí aunque el tema es casi inagotable.
Si alguien quiere seguir esta onda sería interesante, para saber lo que otros sienten con la música y las canciones.

Escrito por don Yope

lunes, 29 de septiembre de 2008

Claudia Boniche Castillo


Les presento a mi primita Claudia hija de mi tía Carmen Consuelo Castillo y mi tío Blas Hernán Boniche. La foto de colegiala se la tomé hace años en el antejardín de la casa de sus padres, la más actual me la mandó ella.