Hace unos días se cumplieron cincuenta años del asesinato de J. F. Kennedy y mientras conducía mi cacharrito hacia la pega escuché un programa en la radio que tenía por tema: ‘‘¿Qué hacía usted cuando supo la noticia del atentado contra el presidente estadounidense?’’. Casi no escuché las repuestas que daban los participantes presentes en la emisora o que llamaban por teléfono, porque me puse a recordar mi propia experiencia y ahí se me fue la onda hacia aquellos años que fueron plenos de bellas experiencias de juventud.
Cuando supe la noticia de la muerte de Kennedy me encontraba conversando con mi amigo de entonces Carlos González (Q.E.P.D.) mientras comíamos en un restaurante, probablemente El Dominó o El Rápido, que solíamos frecuentar después de haber grabado un par de canciones necesarias para llenar un disco 45 rpm. del sello de Camilo Fernández. Como toda la gente, nos asombramos y conmovimos con el hecho y hasta nos alarmamos un poco puesto que durante esos años la tensión era muy alta entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.
Con Carlos fuimos bastante ‘‘compinches’’; nos contábamos proyectos, experiencias, sueños, aventuras y gustos artísticos. Le encantaba la música sinfónica y sus piezas preferidas eran la sinfonía número 5 de Beethoven, la ‘‘Inconclusa’’ (Nº8) de Schubert y la ‘‘Nuevo Mundo’’ (Nº9) de Dvorak. Estuve varias veces en su casa y él en la mía, donde hicimos arreglos musicales en el piano que tenía en mi dormitorio de la casa de la calle Ruiz-Tagle y que hoy se encuentra en poder de mi sobrina Vanessa.
En uno de los artículos publicados en este blog aparece el piano y la mesita hexagonal en la que escribíamos las partituras con Carlos y donde yo hacía mis tareas del Conservatorio Vespertino de la Universidad de Chile y de la Escuela Normal Superior José Abelardo Núñez.
Nos conocimos precisamente en el Conservatorio, que en ese tiempo se llamaba Escuela de Extensión Musical y que daba los cursos de madurez para adultos que desearan regularizar sus estudios musicales de nivel universitario.
Una noche después de clases, caminamos un rato conversando de lo que estábamos estudiando y me contó que le habían ofrecido grabar un disco 45 rpm. con dos canciones suyas y que había pensado que yo podía ayudarlo tocando piano y haciendo copias de las partituras para los músicos. Desde luego que me ofrecía remuneración por los dos trabajos, lo cual me venía como anillo al dedo porque en ese entonces yo tenía un escuálido presupuesto producto de algunas clases particulares de piano y de la ‘‘amenización’’ tocando armonio en algunos matrimonios celebrados en la parroquia Santa Rosa de Lima.
Así empecé mi corta carrera en la Nueva Ola. Con Carlos González la primera canción publicada fue ‘‘Aún Te Quiero’’ en la que se escucha claramente el piano ‘‘machacando’’ unos acordes que le dan el ritmo a la canción ‘‘pám-pampampám...’’ repite el piano del comienzo hasta el fin; para quienes saben un poco de música son: negra, dos corcheas, negra...
Después siguieron otras composiciones suyas y varios éxitos extranjeros traducidos al Castellano: ‘‘Truenos’’, ‘‘Si Quieres Dejarme’’, ‘‘Tú Me Perderás’’...
También acompañamos a Sussy Vecky, Luz Eliana, Budy Richard y otros.
Recuerdo que en la primera versión de ‘‘La Balada de la Tristeza’’ tuve que tocar el mismo motivo rítmico que en ‘‘Aún Te Quiero’’, en otras canciones hacíamos coro o tocaba un pequeño órgano electrónico bastante primitivo.
Ahora cuento esto como anécdota, pero en ese tiempo yo tomaba muy en serio mis estudios musicales y encontraba un tanto ‘‘vergonzoso’’ estar tocando música rock si mi formación y mi preferencia era la música ‘‘clásica’’ o ‘‘selecta’’, que me gustaría más bien llamar ‘‘música académica’’. Por ese motivo, que hoy encuentro un poco tonto, le pedí a Carlos que no me presentara en público ni me mencionara, además que todos los discos que me daban después de cada grabación los regalé sin pensar que un día podrían tener algún valor, especialmente sentimental.
En mi dormitorio también tenía el tocadiscos que fue un regalo del Padre Guillermo Stenoff, párroco de Santa Rosa de Lima y que años más tarde consiguiera mi liberación de manos de la dictadura, junto con el pastor Domingo Guzmán de la iglesia evangélica Metodista Pentecostal de Parral. El Padre Guillermo se había conseguido ese tocadiscos con algún feligrés para dármelo como recompensa por mis acompañamientos de misas, bautizos y matrimonios tocando el armonio y cantando, la mayoría de las veces en Latín. Reconozco que esa experiencia me ha servido bastante para entender y disfrutar las grandes obras religiosas de Juan Sebastián Bach, Mozart, Beethoven, Brahms, etc.
Volviendo a lo de mis andanzas con Carlos González, con él conocí y toqué en ensayos con Nano Vicencio, Horacio Saavedra, Washington (no me acuerdo su apellido, pero es el guitarrista amigo de Peter Rock) y varios otros. Cuando Horacio Saavedra se integró al grupo como clavierista a mí se me acabó la pega como acompañador y poco tiempo después me alejé del ambiente ‘‘rockero’’ para dedicarme a mi carrera de profesor.
Ahora que estoy entradito en la Tercera Edad miro hacia atrás y veo el camino recorrido con tantas experiencias vividas, las que han ido enriqueciendo mi existencia y que deseo compartir con otras personas a quienes les puedan servir como referencia o simplemente como algo entretenido... Y también para que conozcan este pariente o amigo que vive en el norte del planeta tratando de hacer cosas interesantes para contribuir a la educación y al esparcimiento de niños, jóvenes y adultos de esta parte del mundo.
Cuando supe la noticia de la muerte de Kennedy me encontraba conversando con mi amigo de entonces Carlos González (Q.E.P.D.) mientras comíamos en un restaurante, probablemente El Dominó o El Rápido, que solíamos frecuentar después de haber grabado un par de canciones necesarias para llenar un disco 45 rpm. del sello de Camilo Fernández. Como toda la gente, nos asombramos y conmovimos con el hecho y hasta nos alarmamos un poco puesto que durante esos años la tensión era muy alta entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.
Con Carlos fuimos bastante ‘‘compinches’’; nos contábamos proyectos, experiencias, sueños, aventuras y gustos artísticos. Le encantaba la música sinfónica y sus piezas preferidas eran la sinfonía número 5 de Beethoven, la ‘‘Inconclusa’’ (Nº8) de Schubert y la ‘‘Nuevo Mundo’’ (Nº9) de Dvorak. Estuve varias veces en su casa y él en la mía, donde hicimos arreglos musicales en el piano que tenía en mi dormitorio de la casa de la calle Ruiz-Tagle y que hoy se encuentra en poder de mi sobrina Vanessa.
En uno de los artículos publicados en este blog aparece el piano y la mesita hexagonal en la que escribíamos las partituras con Carlos y donde yo hacía mis tareas del Conservatorio Vespertino de la Universidad de Chile y de la Escuela Normal Superior José Abelardo Núñez.
Nos conocimos precisamente en el Conservatorio, que en ese tiempo se llamaba Escuela de Extensión Musical y que daba los cursos de madurez para adultos que desearan regularizar sus estudios musicales de nivel universitario.
Una noche después de clases, caminamos un rato conversando de lo que estábamos estudiando y me contó que le habían ofrecido grabar un disco 45 rpm. con dos canciones suyas y que había pensado que yo podía ayudarlo tocando piano y haciendo copias de las partituras para los músicos. Desde luego que me ofrecía remuneración por los dos trabajos, lo cual me venía como anillo al dedo porque en ese entonces yo tenía un escuálido presupuesto producto de algunas clases particulares de piano y de la ‘‘amenización’’ tocando armonio en algunos matrimonios celebrados en la parroquia Santa Rosa de Lima.
Así empecé mi corta carrera en la Nueva Ola. Con Carlos González la primera canción publicada fue ‘‘Aún Te Quiero’’ en la que se escucha claramente el piano ‘‘machacando’’ unos acordes que le dan el ritmo a la canción ‘‘pám-pampampám...’’ repite el piano del comienzo hasta el fin; para quienes saben un poco de música son: negra, dos corcheas, negra...
También acompañamos a Sussy Vecky, Luz Eliana, Budy Richard y otros.
Recuerdo que en la primera versión de ‘‘La Balada de la Tristeza’’ tuve que tocar el mismo motivo rítmico que en ‘‘Aún Te Quiero’’, en otras canciones hacíamos coro o tocaba un pequeño órgano electrónico bastante primitivo.
Ahora cuento esto como anécdota, pero en ese tiempo yo tomaba muy en serio mis estudios musicales y encontraba un tanto ‘‘vergonzoso’’ estar tocando música rock si mi formación y mi preferencia era la música ‘‘clásica’’ o ‘‘selecta’’, que me gustaría más bien llamar ‘‘música académica’’. Por ese motivo, que hoy encuentro un poco tonto, le pedí a Carlos que no me presentara en público ni me mencionara, además que todos los discos que me daban después de cada grabación los regalé sin pensar que un día podrían tener algún valor, especialmente sentimental.
En mi dormitorio también tenía el tocadiscos que fue un regalo del Padre Guillermo Stenoff, párroco de Santa Rosa de Lima y que años más tarde consiguiera mi liberación de manos de la dictadura, junto con el pastor Domingo Guzmán de la iglesia evangélica Metodista Pentecostal de Parral. El Padre Guillermo se había conseguido ese tocadiscos con algún feligrés para dármelo como recompensa por mis acompañamientos de misas, bautizos y matrimonios tocando el armonio y cantando, la mayoría de las veces en Latín. Reconozco que esa experiencia me ha servido bastante para entender y disfrutar las grandes obras religiosas de Juan Sebastián Bach, Mozart, Beethoven, Brahms, etc.
Volviendo a lo de mis andanzas con Carlos González, con él conocí y toqué en ensayos con Nano Vicencio, Horacio Saavedra, Washington (no me acuerdo su apellido, pero es el guitarrista amigo de Peter Rock) y varios otros. Cuando Horacio Saavedra se integró al grupo como clavierista a mí se me acabó la pega como acompañador y poco tiempo después me alejé del ambiente ‘‘rockero’’ para dedicarme a mi carrera de profesor.
Ahora que estoy entradito en la Tercera Edad miro hacia atrás y veo el camino recorrido con tantas experiencias vividas, las que han ido enriqueciendo mi existencia y que deseo compartir con otras personas a quienes les puedan servir como referencia o simplemente como algo entretenido... Y también para que conozcan este pariente o amigo que vive en el norte del planeta tratando de hacer cosas interesantes para contribuir a la educación y al esparcimiento de niños, jóvenes y adultos de esta parte del mundo.









































