Transcribo lo que nos ha llegado a través de Danielle Sommerfeld, su nieta y aprovecho de hacerle llegar nuestro cariño y solidaridad en este triste momento.
Estimados Pacientes del Dr. Spektor:
Lamento comunicarles que mi abuelo, el Dr. Spektor ha fallecido, pero estamos tranquilos por que esta en paz. Perdonenme que me he desaparecido estos meses, sin embargo me preocupe de estar al lado de mi abuelo este año. Agrecemos infinitamente sus palabras y recuerdos, esperamos que podamos elevar su alma con sus buenos recuerdos y pensamientos hacia el. Nosotros estamos tremendamente agradecidos.
Un abrazo fuerte.
viernes, 5 de agosto de 2011
martes, 14 de junio de 2011
No ! a la cultura de lo desechable
Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..
No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Sí, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.
¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables!
¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!
¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!
¡Es más!
¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.
¡¡Nos están fastidiando!! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 30 años no va a creer esto:
¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
¡¡ Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)
No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De “por ahí” vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo”, pasarse al “compre y bote que ya se viene el modelo nuevo”. Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el coche que tengas esté en buen estado. Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!!
¡¡¡Pero por Dios.!!!
Mi cabeza no resiste tanto.
Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Sí, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los paños de cocina, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos... ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.
¡Tooodo guardábamos!
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Eveready pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guirnaldas de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornilla desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: “Cómase el helado y después tire la copita”, nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡La buenas peras que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo, pegatina en el cabello y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la “bruja” como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.
Ayúdenme, me caí del mundo y no sé por donde se entra...
No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Sí, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.
¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables!
¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!
¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!
¡Es más!
¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.
¡¡Nos están fastidiando!! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 30 años no va a creer esto:
¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
¡¡ Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)
No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De “por ahí” vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo”, pasarse al “compre y bote que ya se viene el modelo nuevo”. Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el coche que tengas esté en buen estado. Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!!
¡¡¡Pero por Dios.!!!
Mi cabeza no resiste tanto.
Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Sí, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los paños de cocina, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos... ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.
¡Tooodo guardábamos!
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Eveready pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guirnaldas de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornilla desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: “Cómase el helado y después tire la copita”, nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡La buenas peras que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo, pegatina en el cabello y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la “bruja” como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.
Ayúdenme, me caí del mundo y no sé por donde se entra...
viernes, 27 de mayo de 2011
Se nos fué la tía Oriana Mandiola
Ayer falleció la tía Oriana y hoy fue el responso en la Parroquia de la Anunciación, ubicada en la plaza Pedro de Valdivia, el mismo lugar donde fueron las exequias de nuestro tío Chito. Carmen Gloria, Viviana y María Consuelo estuvieron presentes por mi familia mas cercana. Por supuesto estaba David y María Oriana con su familia y la tía Alicia Mandiola. Saludé a Susana Nacrur y Sadek. La ceremonia estuvo bien concurrida, inclusive vi por ahí algunos camaradas DC de don David, Soledad Alvear entre ellos.
La emoción estuvo a cargo de los testimonios expresados por dos de las hijas de David. Unas hermosas palabras cargadas de sentimientos hacia la abuela Oriana que se la llevó el Señor.
La emoción estuvo a cargo de los testimonios expresados por dos de las hijas de David. Unas hermosas palabras cargadas de sentimientos hacia la abuela Oriana que se la llevó el Señor.
jueves, 12 de mayo de 2011
El viejo "bacán"
Anoche en el Estadio Nacional, el viejo Paul a sus 68 años nos deleitó, emocionó con su música, con su talento y empatía con el público. Se paseó por canciones de los Beatles, de su época con los Wings y algo de su trabajo como solista. Partió con Hello Goodbye y luego en las dos horas y media que duró el concierto nos regaló Blackbird, Something, Let it be, Yesterday, Live and let die... entre tantas. Sólo eché de menos algunas canciones de sus últimos trabajos como "This Never happened before" o "The end of the world", pero al final quedé conforme por su entrega, por su calidad vocal y por su juego con el público. Le hizo harto empeño a comunicarse en castellano, nos dijo que éramos "bacanes" e incluso tarareó la "Canción del adiós" queriendo anunciarnos que su show estaba por finalizar y cuando cantó ... and in the end, the love you take, is equal to the love you make... sabíamos que era todo y talvez que no se volvería a repetir en nuestro país la visita de este grande de la música.
En tribuna Andes con mi hijo David, esperando que comience el show. Nótese que luzco orgulloso mi polera de los Beatles que me trajo de regalo mi primo Jaime desde el mismísimo Liverpool !!!
sábado, 12 de marzo de 2011
Fuente Mardoqueo y El Barrio Yungay
Con mi compañero Raúl Medina nos hemos autodesignado y por añadidura autoconvocado para llevar a cabo una delicada misión, la cual es nada menos que chequear aquellos lugares susceptibles de ser recomendados para futuras reuniones con los ex compañeros de colegio.




Nos encaminamos raudamente a la calle Libertad 551 donde está ubicado el renombrado y al parecer famoso local denominado "Fuente Mardoqueo". Allí se supone que se especializan en el "auténtico lomito Bávaro" (?) así que nos arriesgamos y pedimos sendos lomitos acompañados por casi todo lo que se le puede echar encima. Una vez ubicados tenemos frente a nosotros un sinfin de productos para seguir aderezando el sandwich, mostazas, salsas y ajíes de diferentes tipos son una tentación que no podemos evitar. Por supuesto que no podía faltar una buena cerveza para remojar el gaznate así que nos empinamos una por nuca ( somos mesurados...)
El lugar es limpio, luminoso y bien atendido. La decoración es entretenida ya que sus paredes están llenas de cachureos como por ejemplo: máquinas de escribir, utensilios de cocina, platos antiguos, etc...
En suma, un buen lugar para visitar y degustar.
En todo caso si no les parece podemos pasar al Club de Abstemios de Chile, que queda a pocos pasos de la Fuente Mardoqueo...
El lugar es limpio, luminoso y bien atendido. La decoración es entretenida ya que sus paredes están llenas de cachureos como por ejemplo: máquinas de escribir, utensilios de cocina, platos antiguos, etc...
En suma, un buen lugar para visitar y degustar.
En todo caso si no les parece podemos pasar al Club de Abstemios de Chile, que queda a pocos pasos de la Fuente Mardoqueo...

Como estábamos casi al lado del Plaza Yungay nos dimos su vuelta por el sector, un pequeño "sentimental journey" para mí ya que hay un poco de historia en esos barrios donde transcurrió parte de mi niñez o como me gusta decir a mí, durante mi más tierna infancia.

En la pileta del monumento al roto chileno nos refrescábamos junto a las carpas rojizas que nadaban asustadas allí. En la iglesia San Saturnino mis padres me bautizaron para que dejara de ser "morito". En esa plaza aprendí a dar mis primeros pedaleos junto a los inevitables costalazos en una bicicleta que era de "los primos" Nacrur, que a la sazón vivían en una casa de estilo Art Decó en la calle Rosas frente a la Plaza Yungay. Aprovecho de publicar una foto de esa casa y espero no estar equivocado al identificarla como tal.
Dejaremos entonces para una entrega futura otras experiencias y vivencias que me marcaron cuando viví en el Barrio Yungay, hoy convertido en barrio patrimonial por el rescate de su historia y arquitectura, aunque bastante golpeado por el terremoto del 27 de febrero del año pasado.
jueves, 24 de febrero de 2011
Las primitas.
Aprovechando las vacaciones de Milou en La Serena, tuve la suerte de encontrarme con varias de mis primitas, todas ellas muy regias, dijes y guapas. Por supuesto que fue inmortalizado ese momento en algunas fotografías, las cuales comienzo a compartir con ustedes.
Esta primita ustedes ya la conocen por una publicación anterior, se llama Claudia Boniche Castillo y es hija de Blas Hernán Boniche y Carmen Consuelo Castillo. Sigue guapa este 2011, no?
Aquí con la prima Yania Castillo Rojas, hija de mi querido tío Lucho Castillo y la tía Alicia Rojas. Esta primita la conozco casi desde la cuna, cuando por esos años vivían en la ciudad de Vicuña. Hoy es una gran mujer, muy empeñosa y trabajadora. Ha sido de un tiempo a esta parte muy cariñosa conmigo por eso la quiero mucho y además es un verdadero agrado conversar con ella.
Aquí con la prima Yania Castillo Rojas, hija de mi querido tío Lucho Castillo y la tía Alicia Rojas. Esta primita la conozco casi desde la cuna, cuando por esos años vivían en la ciudad de Vicuña. Hoy es una gran mujer, muy empeñosa y trabajadora. Ha sido de un tiempo a esta parte muy cariñosa conmigo por eso la quiero mucho y además es un verdadero agrado conversar con ella.lunes, 3 de enero de 2011
Los cielos de Chile
Como ya saben, soy un loco de los astros, del espacio y todos los temas conexos. La ciencia me parece fascinante y observar el Universo tratando de comprenderlo me proporciona un enorme placer intelectual al mismo tiempo que me da una mejor idea de la dimensión y trascendencia de nuestra existencia como especie humana.
La observación del cielo puede inspirarnos variadas sensaciones, muchas de ellas profundamente agradables, como también vertiginosas, que a algunas personas conmueven o asustan porque nos enfrentan a lo desconocido e inconmensurable.
Recuerdo que en una ocasión estaba mostrando por mi telescopio la geografía lunar a un grupo de personas curiosas sin ninguna experiencia astronómica. Entre las personas que esperaban su turno había una dama que hablaba mucho y hasta se burlaba un poco de la curiosidad de los demás. Como el telescopio no tenía en ese momento el mecanismo de seguimiento motorizado, la Luna se desplazaba de manera evidente en el campo visual. Cuando la dama en cuestión puso el ojo en el ocular no tardó en observar el movimiento.
‘‘¡Se está moviendo!’’, exclamó. Cuando le expliqué que lo que había observado era el movimiento de nuestro planeta y que todos los astros del Universo estaban en constante movimiento murmuró aterrada : ‘‘¡O sea que nosotros nos estamos moviendo…!’’ …Y le agregué : ‘‘…En este momento estamos cabeza abajo con respecto al Sol, lo que quiere decir que en el espacio no existe ni arriba ni abajo…’’. Entonces se llevó la mano a la frente y se retiró del grupo, apoyándose en el hombro de cada persona que encontraba en su camino, completamente desorientada, tal vez con vértigo. Creo que debe haber entrado a su casa derechito a acostarse tratando de no pensar y acortar la noche .
Por mi parte, lo desconocido me atrae y lo incierto no me da pavor, sino que le da sabor a la vida. Por eso quiero compartir con ustedes algo de esta felicidad invitándolos a mirar el cielo estrellado pensando en que cada puntito luminoso es un astro semejante al Sol, frecuentemente de mayor y tal vez, de mucho mayor tamaño que él. Cada estrella que vemos nos presenta su luz como fue en el pasado, cada una en tiempos diferentes; la más cercana visible, muy brillante en el cielo de Chile : ‘‘Alfa Centauro’’, la vemos como era hace unos cuatro años, otras como eran hace cientos, o miles de años. O sea que nada de lo que estamos viendo es el presente, todo es el pasado y cada astro es un pasado diferente que vemos simultáneamente.
La observación del cielo puede inspirarnos variadas sensaciones, muchas de ellas profundamente agradables, como también vertiginosas, que a algunas personas conmueven o asustan porque nos enfrentan a lo desconocido e inconmensurable.
Recuerdo que en una ocasión estaba mostrando por mi telescopio la geografía lunar a un grupo de personas curiosas sin ninguna experiencia astronómica. Entre las personas que esperaban su turno había una dama que hablaba mucho y hasta se burlaba un poco de la curiosidad de los demás. Como el telescopio no tenía en ese momento el mecanismo de seguimiento motorizado, la Luna se desplazaba de manera evidente en el campo visual. Cuando la dama en cuestión puso el ojo en el ocular no tardó en observar el movimiento.
‘‘¡Se está moviendo!’’, exclamó. Cuando le expliqué que lo que había observado era el movimiento de nuestro planeta y que todos los astros del Universo estaban en constante movimiento murmuró aterrada : ‘‘¡O sea que nosotros nos estamos moviendo…!’’ …Y le agregué : ‘‘…En este momento estamos cabeza abajo con respecto al Sol, lo que quiere decir que en el espacio no existe ni arriba ni abajo…’’. Entonces se llevó la mano a la frente y se retiró del grupo, apoyándose en el hombro de cada persona que encontraba en su camino, completamente desorientada, tal vez con vértigo. Creo que debe haber entrado a su casa derechito a acostarse tratando de no pensar y acortar la noche .
Por mi parte, lo desconocido me atrae y lo incierto no me da pavor, sino que le da sabor a la vida. Por eso quiero compartir con ustedes algo de esta felicidad invitándolos a mirar el cielo estrellado pensando en que cada puntito luminoso es un astro semejante al Sol, frecuentemente de mayor y tal vez, de mucho mayor tamaño que él. Cada estrella que vemos nos presenta su luz como fue en el pasado, cada una en tiempos diferentes; la más cercana visible, muy brillante en el cielo de Chile : ‘‘Alfa Centauro’’, la vemos como era hace unos cuatro años, otras como eran hace cientos, o miles de años. O sea que nada de lo que estamos viendo es el presente, todo es el pasado y cada astro es un pasado diferente que vemos simultáneamente.
Orión, a simple vista en ChileDurante el verano austral reinan en el firmamento ‘‘Las Tres Marías’’, acá las llaman ‘‘Los Reyes Magos’’. Son esas tres estrellas en línea recta, bastante brillantes, que constituyen el ‘‘Cinturón de Orión’’, enmarcado por otras cuatro estrellas brillantes que representan los muslos y los hombros de este personaje mitológico y que visto del hemisferio Sur, se encuentra con la cabeza hacia abajo. Del trío de estrellas cuelga hacia arriba la ‘‘espada de Orión’’ que se ve como una serie de tres estrellitas casi perpendiculares partiendo de la que en Chile se ve como la tercera a la derecha. En el medio de la ‘‘espada’’ se encuentra una bella nebulosa llamada M42 (nº42 del catálogo empezado por Charles Messier en el siglo XIX), también denominada ‘‘Gran Nebulosa de Orión’’ que se encuentra a 1500 Años-Luz de nosotros.
En esa nebulosa se están formando nuevos sistemas solares y se han detectado moléculas de química orgánica y hasta aminoácidos. Esta nebulosa se puede ver facilmente con unos prismáticos comunes y corrientes. En el campo, lejos de la contaminación lumínica es posible distinguirla al ojo desnudo. Para ilustrar este artículo van tres fotos, la primera : como se ve a simple vista, la segunda con prismáticos y la tercera con un buen telescopio de aficionado. En la realidad no se ve tan brillante y los colores son menos acentuados, pero la cámara fotográfica capta bien los colores y cualquiera camarita que permita una exposición de varios segundos con sensibilidad de al menos 200 ASA puede mostrar claramente la nebulosa, la cuestión es que el aparato no se mueva durante la exposición.
En el mundo de la astronomía, Chile tiene los mejores cielos del planeta, sin embargo, la opinión de algunos aficionados extranjeros es que sus habitantes no parecen apreciar el tesoro que tienen y los aficionados chilenos realmente serios son pocos en proporción a su población.
En la foto que les presento como la visión con prismáticos se puede apreciar en torno a la estrella de la derecha de las Tres Marías, llamada Alnitak, una nebulosa que no se puede ver sin filtros especiales, aun en un telescopio de gran diámetro (30 cm o más), se trata de la famosa ‘‘Cabeza de Caballo’’, sin embargo, con una buena técnica fotográfica y mucha paciencia se logra obtener una pequeña imagen. Uno de los desafíos que me he puesto para un futuro no lejano es de obtener una buena imagen con telescopio de este objeto celeste.
Este último tiempo he podido cumplir también un sueño acariciado desde mi infancia, tener un buen telescopio y un verdadero observatorio. Con el tiempo he ido aprendiendo muchas cosas y encontrando personas competentes, con quienes que he ido perfeccionando técnicas y conocimientos. Entre ellas se encuentran científicos de renombre que me han ofrecido su amistad y ayuda. Por ejemplo, la cúpula y los muros del observatorio que tengo me los vendió e instaló un meteorólogo de ‘‘Environment Canada’’, famoso también como astrónomo ‘‘aficionado’’, quien cuenta hasta con un asteroide que lleva su nombre : se llama Allan Rahill. Nos hicimos amigos hace años, en una de las tantas actividades de astronomía que se realizan en la provincia de Quebec.
Si veo en los comentarios que este tema interesa a los lectores de nuestro blog familiar, expondré otras experiencias e imágenes, entonces les contaré la historia de este soñador loco de los astros (yo) que se lo pasaba desde cabro chico combinando lentes para lograr acercar la Luna, el Sol y las estrellas en un afán de comprender el mundo que veían sus ojos. No es por egocentrismo, sino por el gusto de compartir con ustedes experiencias maravillosas que no siempre están al alcance de todos.
…O sea que debo terminar nuevamente con esa palabra que aparecía en las antiguas revistas como ‘‘El Peneca’’, ‘‘Okey’’ o las fotonovelas : ‘‘…Continuará…’’.
Texto de don Yope
En la foto que les presento como la visión con prismáticos se puede apreciar en torno a la estrella de la derecha de las Tres Marías, llamada Alnitak, una nebulosa que no se puede ver sin filtros especiales, aun en un telescopio de gran diámetro (30 cm o más), se trata de la famosa ‘‘Cabeza de Caballo’’, sin embargo, con una buena técnica fotográfica y mucha paciencia se logra obtener una pequeña imagen. Uno de los desafíos que me he puesto para un futuro no lejano es de obtener una buena imagen con telescopio de este objeto celeste.
Este último tiempo he podido cumplir también un sueño acariciado desde mi infancia, tener un buen telescopio y un verdadero observatorio. Con el tiempo he ido aprendiendo muchas cosas y encontrando personas competentes, con quienes que he ido perfeccionando técnicas y conocimientos. Entre ellas se encuentran científicos de renombre que me han ofrecido su amistad y ayuda. Por ejemplo, la cúpula y los muros del observatorio que tengo me los vendió e instaló un meteorólogo de ‘‘Environment Canada’’, famoso también como astrónomo ‘‘aficionado’’, quien cuenta hasta con un asteroide que lleva su nombre : se llama Allan Rahill. Nos hicimos amigos hace años, en una de las tantas actividades de astronomía que se realizan en la provincia de Quebec.
Si veo en los comentarios que este tema interesa a los lectores de nuestro blog familiar, expondré otras experiencias e imágenes, entonces les contaré la historia de este soñador loco de los astros (yo) que se lo pasaba desde cabro chico combinando lentes para lograr acercar la Luna, el Sol y las estrellas en un afán de comprender el mundo que veían sus ojos. No es por egocentrismo, sino por el gusto de compartir con ustedes experiencias maravillosas que no siempre están al alcance de todos.
…O sea que debo terminar nuevamente con esa palabra que aparecía en las antiguas revistas como ‘‘El Peneca’’, ‘‘Okey’’ o las fotonovelas : ‘‘…Continuará…’’.
Texto de don Yope
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