Es impresionante esto de la genética no?Mi sobrino Gerardo no podría negar que Magdalena Paz es su hija ya que el parecido es notable como lo demuestran estas fotografías.
Un saludo cariñoso para el papá y toda su familia

La tía Julia, don Jotita (el regalón según cuentan) y la Teresita, tan linda y graciosa ella. Esta foto data de 1938 y está tomada en la playa Las Salinas según la información que aparece atrás de esa imagen.
Me suena curioso este término “pudiente”, sin similar en el idioma portugués con el cual convivo día a día tanto en lo profesional como en mi vida de inmigrante en este país. Creo que no tiene que ver con el ejercicio del poder, ya que en ese caso seria familia poderosa… Debe ser, claro, por algo netamente económico. En fin, elucubraciones que nacen de este recuerdo de mi tia Chicuca. No se quien le puso ese apodo, se me imagina que el tío Sergio, aunque puedo haber sido yo mismo. Siempre fue chiquitita, aunque yo fuese un cabro de pantalones cortos la veía chicuca…
Su pieza olía a yerbas medicinales y siempre tenia un tilito preparado. Tenía también, siempre en el primer cajón de su cómoda, un paquetito de dulces que se llamaban “besitos”, para Jaimito, claro. Se quejaba del “reuma” y de otros males, pero ahora sé que tenía una salud de fierro. En los fríos y lluviosos inviernos que había en el Santiago de los años 60, la tía Chicuca calentaba la pieza con un brasero, donde no faltaban las cáscaras de naranja o el tarrito con agua y hojas de eucalipto.
Pasó el tiempo y la tia Chicuca decidió irse a un hogar de ancianos, por allá por Recoleta o Independencia (siempre confundo esas calles). Cada vez que viajaba a Chile trataba de visitarla. En ese hogar, en su piececita siempre ordenada y limpia, nuevamente sentí ese olor a yerbas medicinales y a braserito. Un día la tía Chicuca decidió partir y dejarme sin “besitos”, huevo a la ostra, bistequito alemán y brazo de reina. Yo ya estaba grandecito y posiblemente percibió que podía defenderme solo. Fue entonces que dejó su escoba atrás de la puerta y partió, viejita, redondita con sus pasos lentos a descansar de su “reuma” y de sus trajines.