lunes, 23 de junio de 2008
Los hermanitos Mota Escobar
domingo, 22 de junio de 2008
Saludando la noche
jueves, 19 de junio de 2008
Ruiztagleanas 2

Aqui vemos la afuerina conversando con una Nany alegre y dicharachera ( cómo se parece al papá en esta foto!!!). Deben estar conversando sobre el último 45 single de Harry Belafonte, o quien sabe del increible Long Play 33 1/3 de Bert Kempfert que habían escuchado en el Garrard que tenían los Céspedes. O era un Perpetum Ebner? Por lo que recuerdo estaba a la izquierda, despues de la pieza de costura de la Tatá, como yo le decía, o la señora Anita, como era por todos
conocida. La Tatá era la esposa de don Alconco, como yo le decía a don Alfonso...
La Nany vivía en una de las dos casitas que había en esa angosta esquina de Thompson entre Ruiz Tagle y Federico Reich. Al lado vivían los Ruiz Golborne, los cabros de la familia era el Jaime, una hermana linda que no consigo recordar el nombre y el Aldo, que jugaba al básquetbol a alto nivel, ya que los partidos eran transmitidos por la radio!!! La mamá era una señora macizona, que se llamaba Fedora, del caballero solo recuerdo que trabajaba en una galvanización que quedaba
pasado General Velázquez...
La fotonovela Ruiz Tagle continuará...

Nany y Carmen Gloria ensayando algún baile español

Nany frente a la casa de calle Thompson
martes, 17 de junio de 2008
Pedrito antes de ir a la escuela

Un día domingo por la mañana, cuando tenía cuatro o cinco años de edad, estábamos "flojeando" en familia en la casa de la calle San Pablo. Mi mamá andaba ya trajinando como sempre fue su costumbre, aunque todavía en bata de levantar, mientras mi taita nos regaloneaba a la Tamalí, como él le decía, y a mí. Al mismo tiempo le echaba una mirada al diario. De repente, le pregunté el significado de una palabra escrita; creo que algo que terminaba en ario, como bancario o algo así. Mi viejo en lugar de responderme me preguntó: ¿De dónde sacaste esa palabra?
Ahí dice - le respondí, mostrándole el diario.
Intrigado siguió: ¿A ver, y aquí qué dice?
Ves-ti-dos - dije tranquilamente, pero con aplomo
Luego siguió un diálogo entre él y mi mamá.
Oye, Tita, el Pello sabe leer.¿Tú le enseñaste?
No - respondió mi mamá - parece que aprendió solo.
Después siguió un examen para evaluar cuánto sabía. Reconocí casi todas las letras mayúsculas imprenta y unas cuantas minúsculas, tembién identifiqué los números del uno al nueve. Recuerdo con ternura que los dos se turnaron para hacerme cariño.
En otra ocasión, no sé si antes o después de esto, mi viejo me llevó por primera vez al cine a ver "Fantasía" de Walt Disney. La película me gustó tanto que llegué a la casa tarareando algunas de las melodías que había escuchado, sin desafinar. La sorpresa de mis viejos fue notoria, así que pusieron la radio a mi alcance para que escuchara música y mi taita llegó pronto con un tocadiscos y unos discos 78 rpm. con piezas que tocaban en Fantasía.
Con ese estímulo les hice otra gracia. Mi mamá y el tío Sergio, el cual era aun un jovencito soltero, tomaban clases particulares de piano con una profesora que todavía recuerdo como si fuera ayer: era una señora canosa bien crespa y un tanto gordita. Yo los miraba teclear, con ganas de hacer lo mismo. Hasta que un día me encaramé en el piso giratorio dándole la altura necesaria para mí y me puse a mover los dedos con deleite. La melodía que surgió fue "Adiós al Séptimo de Línea" que en aquellos tiempos era frecuentemente escuchada en la radio, posiblemente por la popularidad del presidente Carlos Ibáñez del Campo, sucesor de Gabriel González Videla.
El asunto es que le puse los acordes justos a la melodía y de ahí empecé a machacar el piano por oído con verdadera pasión. El tío Sergio tocaba el ''Boogie-boogie'', mi mamá ''Torna Sorrento'' y yo los imitaba; y muchas veces intenté de interpretar piezas clásicas, las que me resultaban más o menos aproximadas al original o por lo menos reconocibles.
Como pueden ver, cuando niño era bien habiloso, pero después se me pasó. Esto lo digo porque un poco más crecidos la Anamaría decía: ''el Pello es pavo''... Es que yo andaba mirando las estrellas, escuchando Mozart, Bach o Beethoven y no "cachaba" nada del rock and roll ni de las modas vestimentarias. Además prefería lo campestre a lo urbano, el mote con huesillo a la crema chantilly, lo natural rústico a lo artificial y elaborado. A veces tuve la misma actitud que Manolito, el amigo de Mafalda, frente a los Beatles; era como Schroeder, el amigo de Charlie Brown, con su piano y su veneración por Beethoven.
Por eso me gustaba el campo y lo silvestre. Ir a Papudo era como tocar el cielo; Santa Elena estaba al borde de la ciudad y se respiraba perfume campestre; igualmente los paseos a Huelquén, a Peñalolén, a la piscina de Maipú o al Arrayán; todo ello me daba un gusto por la vida que nunca dejó de alumbrar mi sendero y cada hecho, a veces poco significativo para otros, se introdujo en mi cofre mental de los recuerdos.
Cuando fui ya grande, mi mamá se sorprendía de mi memoria para recordar hechos que sucedieron cuando era muy niño. Por ejemplo, cuando me atropelló un ciclista en Valparaíso, en el cerro Yungay donde vivían los Acuña Correa. Recuerdo detalles de su casa de dos pisos, color blanco por fuera, del dormitorio que ocupábamos como visita, del panorama visto desde la ventana, así como de la calle que casi frente a la casa hacía una curva en U bien cerrada y bajaba de manera pronunciada.
También me acuerdo de una vez que me perdí pedaleando en triciclo en la plaza Brasil. Incluso llegaron los pacos, porque cuando me di cuenta de que estaba completamente desorientado me puse a llorar a mares, hasta que aparecieron mi mamá y la Tere, mi madrina, para "rescatarme".
En otra ocasión, siendo muy chico, estaba en Santa Elena conversando con Patricio en el patio de luz y de repente me sentí mal, le pedí a Patricio que me diera un vaso de agua, pero mientras iba a buscarlo ví todo amarillo y me desmayé; la Tere acanzó a tomarme evitando que me diera el tremendo porrazo en el suelo de cemento. Nunca supe la causa de mi pérdida de conocimiento. Esto me ocurrió también durante la misa. Estaba cantando en el coro de Santa Rosa de Lima, cuando subitamente me sentí mareado, me apoyé en el hombro del compañero que estaba delante y éste se hizo a un lado, sin darse cuenta de lo que me pasaba. Ahí sí que el "tute" fue completo, medio desperté cuando un hermano me llevaba en brazos fuera de la iglesia, después recuperé bien el sentido con tremendo chichón en la frente, parecía lámpara de casco de minero, me tenían en el dormitorio del hermano Valery, para darme energías me sirvieron un chocolate caliente en un jarro como de medio litro. Esa vez me acuerdo de haber sido examinado por el doctor Molina, quien debe haber sido mi pediatra, porque recuerdo que hablaba con mi mamá como si me conociera de antes. Si mi viejita estuviese viva también se habría sorprendido de que me acuerde de ese doctor, porque parece que no nos atendió mucho tiempo. Quien nos vió durante varios años fue el León Spector(no sé si se escribe así), con ese nombre impresionante no podía ser otra cosa que médico.
Otro anécdota de mocoso me sucedió en Santa Elena también. Yo no sabía aun andar en bicicleta y se me ocurrió tomar la de la Sonia, que era de un modelo grandote y pesado, de esos que algunos le ponían motor. Anduve leseando en ella como si fuera monopatín, con una pata en un pedal mientras con la otra me daba impulso. De repente se me fue de lado el armatoste y tratando desesperadamente de sujetarlo para que no se dañara metí la pierna entre el pedal y la rueda trasera. Me hice una herida super fea en los músculos gemelos de la pierna izquierda. Entré a la casa achunchado y calladito, pero sangrando abundantemente. Cuando me vieron se asustaron todos y me llevaron de urgencia la posta. Después de las curaciones tuvieron que ponerme vacunas contra el tétanos, fue entonces cuando conocí a la Juanita Borghetti como enfermera, fue ella quien me puso las inyecciones. Todavía tengo la cicatriz bien marcada.
Todo eso pasó cuando era muy chico y se los cuento a ustedes para incitarlos a que me acompañen a recordar. Juntos haremos crecer nuestra memoria para estar cada vez más unidos.
martes, 10 de junio de 2008
Ruiztagleanas 1
Deben ser los tiempos del rock & roll, cuando posiblemente yo era un nene que todavía usaba pañales o hasta talvez ni siquiera habría llegado al mundo. Sólo sé que en estas calles pasó mi infancia, Ruiz Tagle, Thompson, Federico Reich, Coronel Souper y Los Muermos, hoy Nicasio
Retamales...
Hay más cositas en el baúl. Las iré soltando despacito...
Continuará, como las fotonovelas del Cine-Amor...
jueves, 29 de mayo de 2008
Santa Elena y mi padrino Manuel Escobar

Don Manuel Escobar
En la entrada había: un antejardín con una especie de palmerita que nunca creció, la acera de pastelones de cemento, una bella acequia con algunos pequeños puentes, la que irrigaba unos inmensos árboles de tipo plátano oriental y finalmente un ancho espacio de tierra hasta la calzada donde se podían estacionar holgadamente hasta grandes camiones.
El tío Manuel y familia
A un lado de la casa se encontraba la industria vinícola "Champagne Valdivieso", donde trabajaba el tío Manuel como químico enólogo, el primero en Chile (y el mejor, creo yo). Al otro costado había una callecita con seis casitas de dos pisos de color rojo, todas iguales, que se terminaba en una placita triangular limitada en dos lados por una muralla blanca, siempre limpia y libre de rayados. Era un barrio en miniatura construido para los trabajadores de la industria Valdivieso. En la vereda de enfrente estaba la iglesia de San Nicolás con sus muros blancos impecables y un lindo antejardín. El conjunto era de una belleza simple y acogedora. Da pena pensar ahora que todo aquello fue destruido en nombre del ''progreso urbano''. Los ecologistas de hoy habrían pataleado y manifestado ruidosamente presenciando el talaje de árboles tan magníficos como aquellos.
El tío Manuel disponía de una verdadera colección de licores finos y sabrosos que él mismo preparaba. En el comedor había un mueble como un aparador conteniendo botellas de formas variadas, que dejaban escapar suaves perfumes de alcohol aromatizado. Cuando servía un aperitivo era seguro que se trataba de un elíxir del Olimpo.
Contaba mi mamá, porque yo no me acuerdo del hecho, que con ocasión de un almuerzo en casa de la familia Escobar se sirvieron un traguito y yo que tenía entre tres y cuatro años, me puse a saborear las gotitas que quedaron en las copas. En unos minutos empecé a reírme solo y a bromear haciendo un gesto como queriendo punzar a cada persona con en índice, al mismo tiempo que exclamaba: "el niño flecha". A todos les causaron mucha risa mis payasadas de pergenio borracho y desde ese momento en Santa Elena me llamaban el niño flecha. Pero no lo decían en tono de burla, siempre el tío me abrazaba con cariño mientras me nombraba así.
Creo también que el tío Manuel fue el descubridor de Papudo en la familia, porque en las fotos más antiguas del lugar aparece frecuentemente él y su gente. Don Pedro y la señora Tita pasaron ahí su Luna de miel, siguiendo al parecer, una tradición familiar. Cuando chico me gustaba ir a Santa Elena casi tanto como a Papudo.
Una vez que nos visitaron la tía Teresa, la Tere, que era mi madrina, la Sonia y Patricio, con quien hacíamos yunta y lo pasábamos de película, me dio una pataleta porque no me querían llevar. Lloré tanto que al fin mi mamá puso un pijama y ropa interior en un bolsito para que me fuera a quedar con ellos un par de días. Un par de correctivos deberían haberme dado, por consentido.
Sentí que nadie estaba contento conmigo y anduve un buen rato achunchado, tratando de pasar desapercibido, y luego traté de congraciarme con la familia, porque perder su simpatía era como perder oro.
Tengo varias anécdotas que iré contando en próximas "crónicas" para tratar de poner al coriente a "mis lectores" de experiencias, que por ser yo el más viejo de todos los primos, tuve la suerte de vivir. Creo contribuir así al patrimonio cultural de la familia. Además que ya le tomé el gustito a revivir esos momentos que fueron esculpiendo la personalidad e idiosincracia de nuestra tribu.
(prometo seguir, si les agrada la idea).
lunes, 26 de mayo de 2008
Encuentro en Peñalolén
Fué una tarde agradable y llena de recuerdos la que viví el sábado pasado en el hogar de Quena Encina junto a su familia, su marido Emilio y sus hijos María Carolina, Emilio José y María Teresa. Jack, el perro solo hizo un saludo a la bandera ya que se fué directo al patio, sin embargo "Misifú" nos acompañó todo el rato e incluso intentó posar para la fotografía. Fueron casi cuatro horas de conversa y de intentar desentrañar el pasado que en algún momento compartimos durante nuestra niñez. Nunca había tenido la oportunidad de compartir con Quena más allá de lo protocolar en nuestro casuales encuentros tales como funerales o matrimonios y debo confesar que fue emocionante conocer de primera fuente detalles desconocidos para mí sobre la vida de mis padres. Especialmente quisiera destacar las bellas palabras y conceptos que María Eugenia con esa voz suave que la caracteriza evocó a Fresia, mi querida madre.



